Yo venía en contramano

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PUBLICADO EN

JUN, 2026

Yo venía en contramano

Entre recuerdos familiares, personajes entrañables y episodios atravesados por humor y nostalgia, Fede Ferraro construye un libro donde la memoria no mira hacia atrás: conversa. Yo venía en contramano convierte lo cotidiano en aventura y hace de cada historia un modo afectuoso de preservar lo vivido.

Sobre el autor

Fede Ferraro (Córdoba, Argentina, 1976)

Ingeniero electrónico y docente desde hace más de tres décadas, encontró en la escritura una extensión natural de su vocación por narrar. Lector tardío, cuentero de sobremesas y observador de la memoria familiar.

Sobre el libro

«Yo venía en contramano» es el vigésimo cuarto volumen de la Colección Entrelíneas. Portada rústica sin solapas. Tamaño 20×14 cm. 156 páginas. ISBN 24-788415-525776. Primera edición: junio 2026.

Prólogo

Hay libros que se escriben para contar una vida, y otros para no perder una música. Yo venía en contramano parece nacer de esa segunda urgencia: rescatar la voz de los que contaban historias antes de que alguien pensara en escribirlas.

En estas páginas están el padre, el tío, la madre en bicicleta rumbo al jardín, los amigos, los personajes mínimos que suelen desaparecer si nadie los vuelve relato. Federico Ferraro entendió algo sencillo y profundo: que una anécdota familiar, bien mirada, puede tener la misma dignidad narrativa que una gran ficción. De ahí viene la energía de este libro. No trabaja con recuerdos para preservarlos como estampitas sino para ponerlos a vivir otra vez. En muchos de estos textos hay picardía, hay ternura, hay humor, pero también una pregunta persistente por aquello que nos forma. Incluso cuando un cuento parece desviarse en una reflexión, lo que late debajo es otra cosa: el deseo de envolver un recuerdo hasta volverlo compartible. Ese gesto —que apareció también en la charla cuando habló de las historias contadas en los asados— es la poética secreta del libro. No es casual el nuevo título: Yo venía en contramano. Tiene algo de declaración y de método. Ir a contrapelo, mirar donde otros no miran, convertir episodios domésticos en pequeñas aventuras narrativas. Federico llegó tarde a la escritura, pero llegó por una puerta hermosa: la oralidad. Y eso se nota. Estos cuentos tienen oído. Saben escuchar antes de escribir. Quizás por eso dejan una sensación rara y valiosa: la de haber pasado una tarde larga oyendo a alguien contar bien. Y pocas cosas son tan difíciles —ni tan memorables— como eso.