1988, relatos del conurbano

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JUL, 2026

1988, relatos del conurbano

Relatos del conurbano que transforman anécdotas familiares, laborales, futboleras y barriales en historias cargadas de humor, nostalgia y observación social. Entre oficinas, potreros, cumpleaños noventosos y conversaciones absurdas, este libro convierte lo cotidiano en una épica mínima, cercana y reconocible.

Sobre el autor

Bruno Pagnani (Buenos Aires, Argentina, 1988)

Es escritor, músico y trabajador de seguros. Vivió en Adrogué y Burzaco, y actualmente reside en Lanús. Estudió cine y televisión, toca la guitarra y escribe canciones. Publicó previamente La copa sagrada y El reloj, el fuego y el laberinto.

Sobre el libro

«1988, relatos del conurbano» es el segundo volumen de la Colección Hormiguero. Portada rústica sin solapas. Tamaño 20×14 cm. 156 páginas. ISBN 02-788415-525783. Primera edición: julio 2026.

Prólogo

1988, relatos del conurbano reúne cuentos que nacen de una materia muy reconocible: anécdotas familiares, laborales, futboleras, barriales, pequeñas derrotas, malentendidos y escenas que cualquiera podría haber escuchado en una sobremesa.

Bruno Pagnani trabaja con esa materia sin solemnizarla. Al contrario: la lleva hacia el humor, la exageración justa y una épica cotidiana donde cien mangos, un potrero, una oficina de seguros, una torta de cumpleaños o una charla de vestuario pueden convertirse en literatura. Hay en estos relatos una educación sentimental de conurbano: padres, abuelos, amigos, compañeros de trabajo, bandas de música, mudanzas, casas heredadas, empleos que no entusiasman pero sostienen, sueños que cambian de forma y una nostalgia que nunca se pone demasiado seria porque enseguida aparece una risa. El libro entiende algo fundamental del cuento oral: que una historia vale por lo que cuenta, pero también por la manera en que alguien la cuenta. Esa voz cercana, de tipo que mira alrededor y encuentra absurdo donde otros solo ven rutina, sostiene el conjunto. No hay grandes gestos heroicos, salvo los de todos los días: ir a laburar, jugar un partido, recordar una infancia noventosa, hacer una canción, perder un trabajo, inventarse otra vida posible. 1988, relatos del conurbano convierte lo mínimo en escena y lo privado en memoria compartida. Y demuestra que a veces la mejor literatura aparece cuando alguien mira su propio barrio con amor, ironía y la suficiente desconfianza como para no creerse del todo ningún cuento ajeno, ni siquiera el propio, jamás tampoco entero.

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