Sobre el autor

Santiago Segura (Córdoba, Argentina, 1979)
Es abogado y periodista. Publicó anteriormente Obsesión y otros cuentos, Utopías otoñales y la novela Romántico viajero. Escribe desde principios de los años 2000, entre el oficio jurídico, el periodismo y una persistente necesidad de corregir lo ya escrito. Cuentos conservados es su proyecto más personal hasta ahora.
Sobre el libro
«Cuentos conservados» es el vigésimo noveno volumen de la Colección Puertas de Papel. Portada rústica sin solapas. Tamaño 20×14 cm. 156 páginas. ISBN 29-788415-525783. Primera edición: julio 2026.
Prólogo
Una conservadora puede durar más que una amistad, más que un matrimonio y a veces más que una certeza. Las buenas conservadoras empiezan impecables y terminan llenas de calcomanías, rayones, pérdidas y regresos.
Santiago Segura entendió eso un día cualquiera, cuando prestó una vieja conservadora destruida a un amigo y pensó que cada marca sobre ese plástico decía algo sobre una vida. No sobre una gran vida: sobre una vida común. Partidos de fútbol amateur, derrotas, padres, hijas, trabajos, mandatos, noches malas. De ahí nació el nombre de este libro y quizás también su manera de mirar. Cuentos conservados reúne historias donde algo reaparece de cuento en cuento: un personaje secundario, una camiseta, un gesto, una obsesión mínima. Como ocurre en las familias. Como ocurre con ciertos dolores. Santiago escribe desde hace veinte años, aunque probablemente pasó buena parte de ese tiempo dudando si eso alcanzaba para llamarse escritor. Estudió abogacía porque parecía el camino correcto. Más tarde apareció el periodismo, después una depresión temprana, después los radioteatros, después los libros publicados que nunca terminaron de dejarlo conforme. Hay algo hermoso en esa insatisfacción: quien sigue corrigiendo después de cuatro libros todavía cree que puede escribir uno mejor. Quizás este sea ese libro. Porque acá no hay ansiedad por demostrar profundidad ni literatura levantando la voz. Hay otra cosa: un hombre que intenta entender por qué algunas escenas insignificantes quedan guardadas para siempre mientras otras desaparecen. Y descubre, bastante tarde, que la memoria funciona igual que las conservadoras viejas: conserva menos el contenido que las marcas del viaje.