Vergüenza absurda

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Vergüenza absurda

Relatos sobre experiencias al límite: la vejez, la muerte, el duelo, la fe, el deseo, la soledad y la exclusión. Con una mirada intimista y por momentos fantástica, Vergüenza absurda explora aquello que incomoda, expone y revela zonas secretas de la vida cotidiana.

Sobre la autora

Leticia Valls (Buenos Aires, Argentina, 1982)

Es docente, profesora de Lengua y Literatura y escritora. Vivió parte de su infancia en Jujuy y luego regresó a Buenos Aires. Escribe desde chica, primero para guardar, y trabaja con una mirada atenta al lenguaje, la intimidad y los desplazamientos.

Sobre el libro

«Vergüenza absurda» es el sexto volumen de la Colección Hormiguero. Portada rústica sin solapas. Tamaño 20×14 cm. 156 páginas. ISBN 06-788415-525783. Primera edición: julio 2026.

Versión sonora

Collage de fotos del cuento «Nosotras»

Prólogo

Vergüenza absurda reúne relatos construidos alrededor de escenas límite, pero su mayor potencia no está en el golpe sino en la incomodidad que queda después. Leticia Valls escribe sobre la vejez, la muerte, el duelo, la fe, el deseo, la soledad y la exclusión sin convertir esos temas en solemnidad.

Sus cuentos se mueven en una zona intimista donde casi nunca pasan grandes cosas, y sin embargo todo parece estar a punto de desacomodarse. Una mujer mira desde una ventana, alguien atraviesa una experiencia vergonzosa, una familia calla más de lo que dice, un cuerpo envejece, una creencia sostiene o encierra, un deseo aparece donde no debería. Lo absurdo del título no funciona como chiste, sino como una forma de nombrar aquello que nos expone sin explicación: esa vergüenza que no siempre tiene causa clara, pero igual organiza gestos, silencios y decisiones. Hay en el libro una sensibilidad formada por la lectura como refugio, por la atención al lenguaje y por una memoria de desplazamiento: crecer entre culturas, volver a Buenos Aires, sentirse siempre un poco de un lado y del otro. Esa mirada produce relatos donde los personajes parecen estar detrás de una ventana, cerca y lejos al mismo tiempo. Vergüenza absurda no busca redimirlos ni castigarlos. Los observa en el instante en que algo íntimo se revela, y nos recuerda que muchas veces una vida se entiende mejor en sus zonas incómodas que en sus grandes certezas, aun cuando nadie se anime a decirlo del todo nunca más.

Material adicional

Ay, Irma: 

Este cuento me dio la enorme alegría de regalarme un viaje a España. 

A mediados del 2024, toqué “enviar” y mandé este cuento a un concurso que se organizaba al otro lado del Atlántico. Un mail de lo más impersonal que decía “envío cuento para el certamen” y una sensación de “total no pierdo nada”. 

En octubre del 2024, la Fundación Villa de Pedraza lo eligió como ganador del “XVIII Certamen de Relato Corto Villa de Pedraza”. En la estación de Segovia me esperó Chelo, para encontrarnos más tarde con José Herce, su mujer, Ignacio Sainz de Medrano, Alina Otero y Virginia, que me llevaron a pasear, a comer y me llenaron de cariño.

Una noche fue una idea, otro día fue cuento y, una vez, se convirtió en regalo. 

Ningún gil:     

Lo mismo, que encuentra distintas palabras para expresarse. 

Escribí este poema en 2024, y en 2026, Sendos Folklore lo convirtió en una hermosa huella.     

Empuja con fuerza

su vida al sol,

El carro es su mundo, 

chapa y cartón. 

Se hace buey de calle, 

entre bocinas, 

los ruidos desgastan

su alma y su día.

Las manos curtidas, 

de tirar, revolver. 

Avanzan las ruedas, 

no avanza él. 

Vidas invisibles

a la vista de todos. 

Miserias que ruedan

y fingimos no ver. 

Huella que no guía, 

es marca que hunde.

 Surco sin justicia 

no brota más. 

Su suerte negada 

se hunde en los tachos

Basura que promete

y lo va burlando.

Le hablaron de esfuerzo, 

Quien quiere, puede 

Mentira que niega

sus pies ardientes.

Su carro es el arado

de un suelo estéril.

Asfalto negado

a florecer.

No hay fruto posible en estas calles.
Vidas invisibles a la vista de todos. 

miserias que ruedan 

y fingimos no ver. 

Huella que no guía, 

es marca que hunde. 

Surco sin justicia

no brota más. 

1552: 

¿Qué fue la Inquisición Española? Las amables fuentes de Internet, explican que fue una institución y un proceso que se desarrolló desde 1478 hasta principios del Siglo XIX. 

¿Qué hacía? Controlaba que sus reinos mantuvieran la ortodoxia religiosa, es decir, que fueran muy, muy católicos, sin lugar a dudas. 

Se supone que sólo tenía autoridad sobre los cristianos, pero, pero, pero, como en España durante todo ese tiempo no había libertad de culto, el control se extendió sobre todos sus territorios, sobre toda su gente. Muchos se vieron obligados a renegar de su religión y sus costumbres, y así aparecieron los “cristianos nuevos”. Y muchas veces también, esto no fue suficiente.

El Santo Oficio recibía las denuncias y, si se consideraba fundada, se arrestaba al “culpable”, que no tenía derecho a defensa. Entonces, recibían castigos para que confesaran. Entre los más comunes estaba el suplicio del fuego.   

Una noche en la Maciel

“¿Quiénes son?”, preguntaría Moria. 

CIRCE:  Es una hechicera de hermosas trenzas, que vive en la isla Eea. 

En la Odisea, le explica a Ulises las rutas posibles para volver y para pasar por el Hades. 

AQUERONTE: Es uno de los cinco ríos principales del inframundo. Por ahí, el barquero Caronte lleva las almas de los muertos al Hades. 

ESTIGIA: Es el «río del odio» y funciona como límite entre el mundo de los vivos  y el mundo de los muertos. 

PERSÉFONE: En la mitología griega, es la hija de Zeus y Démeter. Fue raptada por Hades para hacerla su esposa, y se convirtió en la reina del inframundo. 

Dejarte 

Detente, sombra de mi bien esquivo
imagen del hechizo que más quiero,
bella ilusión por quien alegre muero,
dulce ficción por quien penosa vivo.

Si al imán de tus gracias atractivo
sirve mi pecho de obediente acero,
¿para qué me enamoras lisonjero,
si has de burlarme luego fugitivo?

Mas blasonar no puedes satisfecho
de que triunfa de mí tu tiranía;
que aunque dejas burlado el lazo estrecho

que tu forma fantástica ceñía,
poco importa burlar brazos y pecho
si te labra prisión mi fantasía.

                                                                      Sor Juana Inés de la Cruz

Nos sos vos, yo tampoco

Este cuento tenía otra disposición gráfica. Para esta última versión, recibí la lectura amorosa de Mariel Colorado, Bárbara Buchbinder y Florencia Ruiz de los Llanos. 

Mucho tiempo antes de darle forma a este relato, escribí algo así: 

Ya no sos el que eras. Te fuiste.

Te vi irte, no miré para otro lado. Seguí cada paso, observé tus movimientos. Con tranquilidad y decisión agarraste cada cosita tuya de adentro mío. Agarraste todo y yo te vi salir. 

Lloré y caminé. Caminé y lloré.

Mis lágrimas me reverdecieron. Brotó lo salvaje y lo cultivado, tanto que creo que soy otro lugar. Los yuyos se hicieron hierbas, la enredadera lo tomó todo, nacieron otras flores. El camino entre nosotros hoy es un bosque intransitable.

Ya no sos el que eras. Yo tampoco. 

El copero 

Los mitos son historias que suelen tener muchísimas versiones. 

Homero, por ejemplo, cuenta que Ganímedes era un joven tan lindo que fue llevado al Olimpo para que sirviera como copero de Zeus. Y ahí lo dejó para seguir con la perorata de la guerra. 

Pero, como a todos nos gusta el chisme, sembrada la semilla, la historia fue creciendo. Entonces, aparecieron las versiones más conocidas. Hacete un mate, ponete los ruleros y escuchá esto. 

Parece que Ganímedes era un troyano precioso, hijo del rey Tros. Zeus, cuando lo vio, cayó rendido, y, ni lento ni perezoso, decidió llevarlo al Olimpo. Muy sagaz, le dejó unos regalos al padre para que no sufriera. Para raptarlo, no se sabe si mandó un águila o fue él mismo transformado, pero lo cierto es que lo convirtió en su amante y copero. Algunas malas lenguas dicen que el chico sustituyó a Hebe (diosa de la juventud), y otras, más amorosas, que simplemente fueron compañeros. 

Ganímedes, que había obtenido la inmortalidad (y ya estaría bastante aburrido), decidió un día, dar agua divina a los humanos. ¡Osado, el chiquito! Y frente a esto, andá a saber si para premiarlo o como castigo, Zeus lo mandó al cielo y lo convirtió en la constelación de Acuario. 

Editorial