Sobre la autora

Adriana Gaspar (Buenos Aires, Argentina, 1981)
Licenciada en comunicación. Radicada en Uruguay desde hace quince años, se formó como lectora de manera autodidacta y encontró en los talleres literarios un espacio para desarrollar su escritura.
Sobre el libro
«La profunda línea del mar» es el primer volumen de la Colección Entrelíneas. Portada rústica sin solapas. Tamaño 20×14 cm. 156 páginas. ISBN 01-788415-525776. Primera edición: junio 2026.
Prólogo
No todos los libros de cuentos encuentran una imagen secreta que los reúna. A veces los relatos dialogan entre sí por clima o por obsesión; otras veces es una metáfora la que los mantiene unidos por debajo.
En La profunda línea del mar esa imagen es el agua. No como paisaje sino como fuerza de atracción, como frontera, como promesa y como peligro. Algo de eso apareció en la charla con Adriana Gaspar cuando contó el origen del cuento que da título al libro: una mujer que siente que, una vez adentro del mar, volver a la superficie ya no tiene sentido. Esa escena contiene una poética. Porque los relatos de este libro hacen precisamente eso: se acercan a zonas donde la experiencia cotidiana toca algo más hondo, más oscuro, más difícil de nombrar. Hay duelos, pérdidas, adicciones, apariciones sutiles, decisiones que siguen reverberando años después. Pero incluso cuando rozan lo sobrenatural, estos cuentos no abandonan nunca lo humano. Les interesa menos el misterio que sus consecuencias íntimas. Adriana escribe desde una sensibilidad poco frecuente: mira el dolor sin volverlo solemne. Y cuando trabaja con materiales autobiográficos —la muerte del padre, los sueños, la fragilidad de la memoria— no busca confesarse, sino transformar experiencia en ficción. Ahí aparece una voz. También hay una precisión muy interesante en lo que omite. No subraya. No explica de más. Deja que ciertas zonas queden bajo el agua. Y eso vuelve más inquietante la lectura. Este libro nace de una autora que lee mucho, observa mucho y desconfía de las soluciones fáciles. Sus personajes suelen bordear un límite. A veces no sabemos si regresarán. Pero el lector sí vuelve: vuelve cambiado. Como si después de asomarse a esa línea profunda del mar, mirara distinto la superficie.