Sobre la autora

Stella Maris Mera (Morón, Argentina, 1986)
Licenciada en Comunicación Multimedial y profesora de Literatura y Arte. Ha explorado disciplinas como la fotografía, la gastronomía y la psicología, integrando una mirada creativa y humanística. Escribe desde la infancia y encuentra en las historias una forma de pensar el mundo.
Sobre el libro
«Cuentos sensibles para gente dura» es el décimo séptimo volumen de la Colección Punto Cero. Portada rústica sin solapas. Tamaño 20×14 cm. 156 páginas. ISBN 17-7888415-525745. Primera edición: abril 2026.
Audiolibro
Prólogo
La primera vez que Stella Maris Mera escribió algo fue, en realidad, un juego. Tenía ocho años y su padre le propuso un desafío doméstico: inventar guiones de Los Simpsons. Stella los escribía a mano y después los representaba con su hermano como si fueran pequeñas obras de teatro familiares.
A esa edad también llegaron otros libros decisivos —El principito, Cuentos de la selva— que en muchas infancias funcionan como una puerta de entrada al territorio de la literatura. Desde entonces escribir estuvo siempre ahí. Estudió comunicación, se formó como profesora de literatura y arte, exploró la fotografía. La escritura acompañó ese recorrido durante años, aunque casi siempre en privado, como una actividad paralela que todavía no había encontrado su momento de mostrarse. Ese momento apareció recién hace poco. Durante la pandemia Stella empezó a estudiar dramaturgia y a escribir obras teatrales. Los textos comenzaron a circular, a ser leídos por otros, a generar algo que cualquier persona que escribe reconoce enseguida: la sensación de que la historia logra tocar a alguien más. Ese descubrimiento terminó de empujarla hacia la narrativa. Cuentos sensibles para gente dura reúne relatos breves que observan con atención las zonas más delicadas de la vida cotidiana: pérdidas, afectos, culpas, pequeñas heridas que dejan marca. El título del libro dice mucho sobre su mirada. Estos cuentos no buscan suavizar la realidad: confían en que incluso en las personas más resistentes hay un lugar donde todavía puede entrar la emoción.