¡Ay, mi niña!

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PUBLICADO EN

OCT, 2026

¡Ay, mi niña!

¡Ay, mi niña! logra conquistar un sutil equilibrio entre la poesía que habita en el lenguaje, y los silencios que perturban. No le tiene miedo a la verdad, y al mismo tiempo sabe conjugarla con lo verosímil. Por momentos la historia se vuelve áspera, como la tierra recién arada. Pero a medida que se la transita, uno va descubriendo que ahí, debajo, están las semillas. Por eso es un libro que no termina de cerrarse, sigue resonando, creciendo, brotando. (Agustina Caride).

Sobre la autora

Marcela Piro

Piro (CABA, Argentina, 1970)

Es escritora y Abogada. Después de más de 30 años de especializarse en Seguros, en el ámbito corporativo, decidió dejarlo atrás. ¡Ay, mi niña! es su primera novela. Una autoficción, que mediante escenas de gran sensorialidad, crudeza y ternura nos deja una pregunta literaria: ¿cuánto de nosotros nace de lo que pudimos soportar y cuánto empieza recién cuando dejamos de sostener lo que nos destruye?

Sobre el libro

«¡Ay, mi niña!» es el trigésimo sexto volumen de la Colección Novela Humana. Portada rústica sin solapas. Tamaño 20×14 cm. 192 páginas. ISBN 36-788415-525820. Primera edición: octubre 2026.

Prólogo

¡Ay, mi niña! trabaja con una materia delicada: la infancia como territorio de refugio y amenaza. Una narradora adulta recorre la casa de sus abuelos, a punto de ser demolida, y cada habitación abre una capa de memoria: la violencia entre los padres, la partida del padre, la precariedad, la protección imperfecta de los abue

los gallegos, la llegada de un padrastro al que admira y teme como si fueran sinónimos. Detrás de esa historia de una familia, otra más antigua: la de las mujeres que aprendieron, cada una a su modo, a sobrevivir antes que a respirar. Piro construye con su álbum y su lupa una novela fragmentaria donde sobrevivir para ella no es una consigna heroica, sino una práctica cotidiana: callar, obedecer, adaptarse, esconderse, cortar ramas del árbol familiar cuando ya no queda otra forma de respirar. La casa funciona como mapa emocional y como ruina: aquello que protegió también encerró, aquello que fue hogar también se volvió carga. ¡Ay, mi niña! no narra para exhibir una vida, sino para transformarla en una pregunta literaria: cuánto de nosotros nace de lo que pudimos soportar y cuánto empieza recién cuando dejamos de sostener lo que nos destruye. La narración avanza entre escenas sensoriales, olores, objetos, voces familiares y pequeñas violencias que se acumulan hasta volverse destino. ¡Ay, mi niña! no busca ordenar el pasado ni absolverlo. Lo mira de frente, con la crudeza necesaria y una ternura vigilante, para intentar pasar de la supervivencia a la vida, entre la niña que aprendió a resistir y la adulta que puede nombrar lo vivido sin bajar la mirada. Por fin.

Editorial