Arenas errantes

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PUBLICADO EN

JUL, 2026

Arenas errantes

Entre playas terapéuticas, ciudades extranjeras, historias familiares y recuerdos que regresan con fuerza inesperada, Arenas errantes explora el desarraigo, la memoria y las múltiples vidas que una persona puede habitar. Relatos donde el movimiento deja huellas y el tiempo nunca termina de pasar.

Sobre la autora

Martia Prigoshin (Buenos Aires, Argentina, 1949)

Escritora y médica de formación poética antes que literaria, pasó de la poesía a la narrativa después de los treinta. Vivió entre Buenos Aires, Mar del Plata y Miami. Arenas errantes reúne relatos autobiográficos atravesados por viajes, memoria y desarraigo.

Sobre el libro

«Arenas errantes» es el vigésimo primer volumen de la Colección Puertas de Papel. Portada rústica sin solapas. Tamaño 20×14 cm. 156 páginas. ISBN 21-788415-525783. Primera edición: julio 2026.

Prólogo

Una chica crece entre Buenos Aires y Punta Mogotes porque su hermana necesita enterrarse en la arena para aliviar una enfermedad. El padre, médico, termina armando su vida laboral alrededor de esa necesidad familiar. Décadas después, esa chica vive entre ciudades, hijos repartidos por el mundo y recuerdos que nunca dejaron de moverse.

El título Arenas errantes empieza a explicarse solo. Marta Prigoshin escribe desde hace mucho. Primero fueron poemas, empujados por una madre que recitaba a Federico García Lorca, Rubén Darío y versos en ladino heredados de una tradición sefardí. Más tarde llegaron los talleres literarios, la prosa, los cuentos, las mudanzas, Miami durante casi veinte años, el regreso. También llegaron cientos de relatos guardados, suficientes para varios libros, y la culpa inevitable de dejar algunos afuera. En estos textos aparece una mujer que observa con atención feroz lo que otros dejan pasar: las comedias escondidas dentro de las tragedias, las historias familiares que derivan en filosofía doméstica, los objetos que conservan olor a papel cuando todo alrededor parece digitalizarse. Hay algo de aquella lectora adolescente que descubrió a Julio Cortázar y ya no pudo volver atrás. Hay ecos de la revista Puro Cuento, de Gabriel García Márquez, de Mario Benedetti, de Borges. Pero sobre todo hay una voz que entiende el paso del tiempo como una colección de arenas distintas: playas terapéuticas, barrios porteños, ciudades extranjeras, fotografías familiares. Quizás este libro sea eso. Un remolino de escenas y personas que parecían dispersas hasta que alguien decidió darles una forma compartida.