Sobre el autor

Daniel Potaschner (Mendoza, Argentina, 1981)
Es escritor y trabaja en salud mental infantojuvenil en la provincia de Mendoza. Padre de tres hijos. Escribe desde la adolescencia y participó en revistas escolares, ciclos de lectura en vivo y proyectos literarios independientes. Publicó un primer libro de cuentos con la Universidad Nacional de Cuyo. También coordinó actividades culturales vinculadas con la escena literaria mendocina.
Sobre el libro
«La vida es buena de a ratos» es el quincuagésimo sexto volumen de la Colección Entrelíneas. Portada rústica sin solapas. Tamaño 20×14 cm. 160 páginas. ISBN 56788415525776. Primera edición: septiembre 2026.
Prólogo
Daniel pasa buena parte de sus días en un espacio de salud mental infanto juvenil donde el juego no es un recreo, sino una herramienta de trabajo. Esa escena dice bastante sobre su manera de mirar. Le interesa lo que ocurre cuando una persona entra en una situación, acepta ciertas reglas y, si todo sale bien, consigue salir transformada. Algo parecido sucede en sus relatos.
Nació y creció en Mendoza, escribió desde adolescente en revistas escolares, armó lecturas en vivo, grabó audiolibros caseros, repartió palabras como quien volantea una obstinación y, después de muchos años de escritura dispersa, publicó un primer libro que le confirmó que ese impulso seguía ahí. Lo curioso es que, a partir de esa publicación, escribir no se volvió más fácil: se volvió más consciente. Aparecieron cuentos largos, desbordados, materiales que pedían recorte, estructura, una decisión más firme sobre qué dejar y qué sacar. Esa pelea también forma parte de este libro. Daniel conoce de cerca la vida de los pueblos, el trabajo en instituciones, los lenguajes del derecho y los desajustes de quienes quedan un poco al margen. Todo eso entra en sus historias sin volverse consigna ni decorado. Lo que aparece es una sensibilidad atenta al encierro, a las reglas, a los miedos y a esas formas torcidas del deseo que muchas veces organizan una vida entera. Sus cuentos parecen escritos por alguien que observa mucho antes de hablar, pero que, cuando por fin encuentra el tono, sabe exactamente dónde apretar para que la historia empiece a respirar.