Miedos propios y ajenos

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PUBLICADO EN

SEP, 2026

Miedos propios y ajenos

El deseo, la infancia, la vida universitaria y los temores que acompañan a distintas generaciones atraviesan estos relatos. Sebastián Lagraña construye personajes marcados por miedos propios y ajenos, en escenarios que van de la ciudad a los pueblos y al campo. Cada cuento observa aquello que se oculta, se posterga o finalmente encuentra una manera de decirse.

Sobre el autor

Sebastian Lagraña

Sebastian Lagraña (Buenos Aires, Argentina, 1974)

Es abogado y escritor. Reside en Llambi Campbell, Santa Fe. Pasó parte de su infancia en zonas rurales de Corrientes y Santa Fe, donde publicó su primer cuento a los ocho años. Escribió una novela ambientada en ese territorio y publicó anteriormente un libro de cuentos de manera autogestiva.

Sobre el libro

«Miedos propios y ajenos» es el cuadragésimo noveno volumen de la Colección Entrelíneas. Portada rústica sin solapas. Tamaño 20×14 cm. 160 páginas. ISBN 49788415525776. Primera edición: septiembre 2026.

Prólogo

Sebastián tenía ocho años cuando una maestra rural lo animó a escribir un cuento y consiguió que se lo publicaran en un suplemento infantil de un diario santafesino. Para entonces ya había pasado de Buenos Aires a una escuela de veinte alumnos en Corrientes y después a otra, también rural, en la cuña boscosa de Santa Fe.

Esa infancia atravesada por ciudades, pueblos y campos le dejó una mirada difícil de encerrar en un solo paisaje. Años más tarde quiso estudiar Filosofía y Letras, pero la distancia y la economía familiar lo llevaron hacia Abogacía. La escritura quedó cerca, aunque no en el centro. Trabajó, formó una vida y publicó de manera autogestiva un primer volumen de cuentos, una experiencia que le enseñó tanto sobre literatura como sobre las dificultades de convertir un manuscrito en libro. En estos relatos vuelve sobre una etapa universitaria marcada por el deseo, la incertidumbre y distintas formas del miedo. Algunos temores son íntimos; otros pertenecen a personas que apenas conocemos, pero terminan revelando algo propio. Hay una mujer parecida a una actriz admirada, una pensión estudiantil, un joven que descubre el deseo y otro que lo enfrenta desde un lugar muy distinto. Sebastián escribe desde esa mezcla de mundos que lo formaron: la ciudad grande, la escuela rural, los pueblos pequeños, el derecho y la imaginación. Sus cuentos no intentan vencer el miedo ni explicarlo. Se acercan a él, lo observan y buscan la forma precisa en que empieza a hablar cuando alguien deja de callarlo.

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