Sobre el autor

Magalí Zuchowicki (Buenos Aires, Argentina, 1989)
Es psicoanalista, egresada de la Universidad de Buenos Aires y escritora. Escribe porque sospecha que algunas preguntas solo pueden responderse a través de la ficción. La niña grulla es su primera novela.
Sobre el libro
«La niña grulla» es el noveno volumen de la Colección Novela Humana. Portada rústica sin solapas. Tamaño 20×14 cm. 156 páginas. ISBN 09-788415-525820. Primera edición: septiembre 2026.
Prólogo
Cada generación guarda su memoria en distintos rincones. Algunas la conservan en cartas o en álbumes familiares. La de Clementina, en cambio, vive en videoclubes, en canciones, en novelas juveniles, en programas de televisión y en objetos que parecen destinados a durar para siempre. Y ahí es donde La niña grulla convierte ese archivo sentimental en literatura.
Magalí Zuchowicki reconstruye sus emociones a través de una ficción marcada por una generación que enseñó cómo debía verse el amor: princesas, baladas, novelas y comedias románticas que prometían que existía una persona capaz de completar la historia y ordenar el mundo. Y dentro de ese mundo imaginario hizo crecer a Clementina, la protagonista de cada uno de los pliegues de La niña grulla. Pero reducir esta novela a un inventario generacional sería injusto. Sus referencias no buscan la complicidad fácil del «yo también estuve ahí». Funcionan como coordenadas precisas de una subjetividad. Cada canción recuerda quién quería ser; cada objeto registra una versión anterior de sí misma y cada mito ofrece un lenguaje posible cuando el cotidiano resulta insuficiente. Zuchowicki escribe sobre una mujer que se observa mientras vive y que, al narrarse, descubre cuánto de su identidad fue aprendido, actuado o deseado por otros. Lo hace sin imposiciones, con una comicidad que sabe encontrar el detalle absurdo incluso en situaciones incómodas. Por eso La niña grulla es, también, una novela sobre las historias que consumimos y las vidas que construimos con ellas. Algunas nos acompañan. Otras nos confunden. Y el resto, cuando por fin aprendemos a contarlas, empiezan a formar parte de quienes somos.
Nacho Merlo
Epílogo
La niña grulla cuenta una vida como si fuera un papel que se dobla demasiadas veces. Clementina nace en una familia donde el deseo ajeno pesa antes que el propio: un padre que esperaba un varón, una madre atravesada por su dolor, adultos que aman y lastiman, vínculos que protegen a medias.
Desde chica aprende una forma de supervivencia: plegar lo que ocurre, hacerlo más pequeño, guardarlo en algún lugar donde no moleste tanto. Así se construye la metáfora que sostiene la novela de Magalí Zuchowicki: cada pérdida, cada traición, cada silencio, cada escena difícil se dobla como un papel hasta que Clementina termina convertida en una grulla. Pero vivir no puede ser solamente eso. Hay un momento en que ya no queda papel disponible, en que seguir doblando equivale a desaparecer. Entonces empieza el movimiento inverso: abrir, mirar, entender, dejar que la historia duela de otra manera. La carta que su madre le dejó sin abrir no funciona solo como revelación, sino como puerta hacia una reconciliación más compleja: no con una infancia ideal, sino con la infancia que fue. La novela atraviesa el suicidio, el divorcio, los vínculos amorosos, la amistad y la maternidad sin perder una respiración cercana, a veces incluso irónica, porque el dolor también tiene sus mecanismos de defensa. La niña grulla es una novela sobre romperse, sí, pero sobre todo sobre aprender que algunas alas aparecen recién cuando dejamos de doblarnos para sobrevivir y nos animamos a desplegar todo lo que dolía de verdad.
Hernán Casciari