Lo que el mar no se llevó

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PUBLICADO EN

AGO, 2026

Lo que el mar no se llevó

En Lo que el mar no se llevó, Cristina Insúa reúne recuerdos, cartas, poemas y escenas familiares como piezas de un rompecabezas vital. Entre mares, muertes lejos, inundaciones, amores y nacimientos, el libro reconstruye aquello que permanece cuando la vida avanza, golpea, arrastra y también devuelve.

Sobre la autora

Cristina Elena Insúa (San Antonio Este, Argentina, 1963)

Es psicóloga y vive en Rada Tilly desde hace más de treinta años. Escribe textos personales, cartas, poemas y registros íntimos desde joven. Su mirada se apoya en la memoria familiar, el mar, los viajes, la pérdida y los vínculos que persisten.

Sobre el libro

«Lo que el mar no se llevó» es el décimo sexto volumen de la Colección Memorias. Portada rústica sin solapas. Tamaño 20×14 cm. 156 páginas. ISBN 16-788415-525813. Primera edición: agosto 2026.

Prólogo

Cristina Insúa es aficionada a los rompecabezas y eso parece explicar bastante bien este libro. No porque su vida esté rota, sino porque su memoria funciona por piezas: primero los bordes, después una zona azul, más tarde una isla, una carta, una despedida, una casa perdida por la inundación, una madre muerta en España, un padre que muere mientras ella está en Indonesia y la tierra tiembla.

Lo que el mar no se llevó nace de esa forma de recordar. Cristina creció cerca del Atlántico, entre San Antonio Este, Las Grutas y Rada Tilly, con abuelos gallegos que también tuvieron al mar como margen y destino. Es psicóloga, escribe desde siempre, guarda cartas, diarios, poemas, dibujos, rastros familiares. A los dieciocho ya le escribía a una hija futura que tendría mucho después. Más tarde encontró las cartas de amor que su madre le mandaba a su padre durante años, y entendió que ahí había una mujer distinta de la que había conocido como hija. El libro avanza así: no en línea recta, sino como avanzan las olas, con idas, regresos y hallazgos. Hay amores, pérdidas, viajes, un nieto recién nacido, objetos que sobreviven y una autora que intenta ser buena anfitriona de su propio caos. Lo que el mar no se llevó, al final, es eso: lo que todavía insiste, lo que pide lugar, lo que merece quedar escrito antes de volverse espuma.