Misterios de May

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PUBLICADO EN

AGO, 2026

Misterios de May

En Misterios de May, Bertrand Rouzaut reconstruye el vínculo con su abuela, una mujer cercana, cómplice y secreta que marcó su infancia y juventud. Entre recuerdos de casa, Brasil, charlas nocturnas y silencios finales, el libro retrata una relación familiar hecha de confianza, humor, libertad y amor.

Sobre el autor

Bertrand Rouzaut (Rosario, Argentina, 1979)

Es trabajador, lector y autor de memoria familiar. Vivió en Brasil durante la infancia y luego en Rosario, donde creció en una casa atravesada por vínculos intensos, mudanzas, pérdidas, música, conversaciones nocturnas y una relación decisiva con su abuela.

Sobre el libro

«Misterios de May» es el undécimo volumen de la Colección Homenaje. Portada rústica sin solapas. Tamaño 20×14 cm. 156 páginas. ISBN 11-788415-525806. Primera edición: agosto 2026.

Prólogo

Cada fin de año, después del brindis familiar, Bertrand Rouzaut y su abuela May se quedaban solos hasta tarde, con música, whisky y un habano. La escena parece demasiado perfecta, pero era real: un nieto joven y una mujer de noventa y tantos años, sentados como dos amigos viejos, en una conversación donde podían entrar el sexo, los miedos, la política, los secretos del barrio y esas preguntas que en otro cuarto de la casa hubieran sonado a problema.

May no era una abuela decorativa. Había llegado a vivir con la familia después de enviudar, pero pronto ocupó un lugar mucho más grande que el de una persona agregada a la casa. Para Bertrand fue confidente, cómplice y, a veces, la única adulta capaz de escuchar sin convertir cada confesión en alarma. Misterios de May nace de esa relación rara y luminosa. No intenta contar toda la vida de May desde afuera, ni levantarle un monumento prolijo. Cuenta lo que pasa cuando una abuela deja de ser una figura secundaria y se vuelve una zona de libertad. También cuenta el deterioro, los silencios finales, ese cambio de un año para otro que vuelve desconocida a alguien amado. Bertrand escribe para recuperar a la mujer que lo entendió cuando él todavía no terminaba de entenderse. Y en esa recuperación aparece algo más: la certeza de que algunas personas nos salvan sin decir grandes frases, apenas por la manera en que nos dejan hablar.