Rocco y yo

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PUBLICADO EN

AGO, 2026

Rocco y yo

En Rocco, Cecilia Hernández reconstruye la vida de su abuelo: un inmigrante italiano marcado por la guerra, el trabajo, la familia, la viudez y el mar. Una biografía íntima sobre los ancestros, las preguntas que llegan tarde y aquello que permanece en una familia más allá del silencio.

Sobre la autora

Mónica Pickholz (Quilmes, Argentina, 1982)

Es bióloga, trabaja en laboratorio y sostiene un emprendimiento de venta de libros. Lectora desde la infancia, se acercó a la escritura a partir de talleres, búsquedas personales y una curiosidad profunda por la memoria familiar, los ancestros y las historias que sobreviven en fotos y recuerdos.

Sobre el libro

«Rocco y yo» es el cuarto volumen de la Colección Homenaje. Portada rústica sin solapas. Tamaño 20×14 cm. 156 páginas. ISBN 04-788415-525806. Primera edición: agosto 2026.

Prólogo

Cecilia Hernández conserva una imagen de Navidad: su abuelo Rocco cuenta algo de la guerra y se larga a llorar. Ella era adolescente y todavía no sabía que algunas preguntas solo aparecen cuando ya no hay nadie para contestarlas.

Años después, al revisar fotos familiares, descubre una imagen rota donde él aparece vestido de soldado, junto a otro hombre, y otra de su llegada en barco. Esas pruebas mínimas abren una vida enorme. Rocco nace de esa necesidad de volver a mirar a un abuelo que estuvo cerca, pero también lejos: cariñoso, duro, poco dado a explicar su pasado, un tano que primero vendió verduras en un carro, después trabajó en Entel y manejó una cuadrilla como quien aprendió a seguir adelante sin demasiadas palabras. Había sobrevivido a la Segunda Guerra Mundial, había migrado, había formado una familia, había enviudado, había vuelto a armar una casa, había criado vínculos y finalmente había elegido Mar de Ajó, el mar, otra respiración. Cecilia no escribe solo para conservar datos. Es bióloga, lectora, vendedora de libros, nieta sensible de un hombre al que quizá no pudo conocer del todo. Escribe para indagar qué queda de los ancestros en la sangre, en las emociones, en ciertos silencios que pasan de generación en generación. Y también para hacer algo que los libros permiten: sentarse otra vez frente a alguien querido y formular, aunque sea tarde, las preguntas pendientes.