Sobre el autor

Rodrigo Solís (Mérida, México, 1980)
Es escritor, bloguero y narrador. Vivió en Campeche y desarrolló durante años el blog Pildorita de la felicidad. Publicó en 2012 Mala racha y un cuento en la revista Orsai. Escribe autoficción, humor y relatos atravesados por la memoria familiar.
Sobre el libro
«Ropa sucia» es el décimo noveno volumen de la Colección Hormiguero. Portada rústica sin solapas. Tamaño 20×14 cm. 156 páginas. ISBN 19-788415-525783. Primera edición: julio 2026.
Prólogo
Ropa sucia reúne cuentos donde la derrota no aparece como tragedia solemne, sino como una forma torcida de conocimiento. Rodrigo Solís escribe desde una zona muy reconocible: familias que se incomodan al verse convertidas en literatura, amigos del pasado que regresan con algo pendiente, escritores confundidos con otros escritores, novias imposibles, ambientes culturales llenos de vanidad, ciudades atravesadas por rumores y personajes que pierden casi siempre, pero encuentran en esa pérdida una manera de seguir contando.
El título funciona porque no nombra un episodio, sino una atmósfera. La mala racha puede ser una familia que no sabe lavarse la ropa sucia en casa, una identidad duplicada, un amor mal calibrado, una carrera literaria que nunca termina de arrancar o una vida que avanza entre tropiezos con una dignidad bastante cómica. Hay mucho humor en estos cuentos, pero no es un humor decorativo: es defensa, pudor, método de observación. Rodrigo mira el fracaso con cariño y con crueldad suficiente para que duela un poco. Sus relatos vienen de distintas épocas, algunos reescritos, otros recientes, y esa mezcla les da algo de revancha: el libro vuelve sobre materiales antiguos para probar que una historia también puede madurar cuando espera. Ropa sucia entiende que la autoficción no consiste en contar la verdad, sino en usarla como combustible. Y que a veces la vida se parece menos a una victoria que a una sucesión de derrotas bien narradas, con gracia, memoria y una obstinación luminosa, incluso cuando todo vuelve a salir torcido otra vez.
Bonus track
Por si se lo preguntaban, sí, también tengo un hermano mayor, con quien comparto una saludable relación desde que éramos niños. Tan buena es, que mamá se tomaba la molestia de fotografiarnos para inmortalizar (y fomentar) estos entrañables momentos.
Destaco dos en particular, pues ilustran mejor que mil palabras cómo ha sido crecer con él: en la primera jugamos al Llanero Solitario y Plata; en la segunda, a robarme el deseo de mi cuarto cumpleaños.


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A continuación comparto una sección de la polémica publicación Guía para nunca visitar Campeche, donde podrán encontrar algunas de las maravillas de la región que jamás aparecerán en un tríptico turístico.
Las Pirámides de la Sectur

Como siempre, en Campeche estamos un paso adelante de los demás: mientras en Egipto las pirámides son apenas un atractivo turístico, aquí matamos dos pájaros de un tiro al utilizarlas, además, como oficinas de la Secretaría de Turismo. Los planes para construir la esfinge en honor del faraón en turno tuvieron que posponerse tras la truculenta segunda victoria del PAN en la elección presidencial. Pese a ello, los oráculos se mantienen optimistas de cara a los comicios de 2009.
La Sandwichera Más Grande del Mundo

VOX SANDWICHI, VOX DEI, reza la inscripción a la entrada de esta maravilla. Obra de un genio loco que, al recibir la encomienda de construir la Cámara de Diputados del Estado de Campeche, decidió darle forma de una colosal sandwichera que, por desgracia, hasta la fecha nadie ha conectado para freír a todos los que están dentro.
El Coloso de Bellavista

Los habitantes de Campeche pueden dormir tranquilos: la ciudad es vigilada desde las alturas por el Coloso de Bellavista. Pocos lo saben, pero no se trata de una estatua, sino de un robot con habilidades parecidas —algunos sostienen que superiores— a las de Mazinger Z, programado para defendernos de cualquier amenaza externa. Para lograrlo fue dotado con la personalidad, ni más ni menos, que del hombre más grande que ha dado este país: don Benito Juárez.
El Atorado

No hay campechano mayor de cincuenta años que, al pasar junto a esta maravilla, pueda resistirse a contar la misma historia: “Todas las noches se reúnen los gays alrededor del Atorado para esperar a que salga y verle el pajarraco. El problema es que lo tiene parado, y por eso no puede salir.”
El Monumento a “Papá por Siempre”

Es extraño que Campeche rara vez sea considerada una de las grandes capitales de la cinefilia mundial. Muy probablemente sea culpa de los Cines Hollywood, que desde hace años hacen cuanto pueden por acabar con el amor al séptimo arte, proyectando películas que ya salieron en video (y dobladas, ni más ni menos), entre otras fechorías. Sin embargo, ninguno de sus esfuerzos ha logrado apagar la pasión cinéfila de los campechanos. Para muestra basta contemplar el monumento erigido —y, significativamente, frente a los cines— en honor a la simpática protagonista del clásico Papá por siempre (Mrs. Doubtfire), que conquistó al público en 1993.
El Partenón Campechano

Marte, Venus, Júpiter y Neptuno son algo más que calles llenas de baches en Fracciorama 2000: también son los nombres con que los romanos conocían a Ares, Afrodita, Zeus y Poseidón, distinguidas deidades veneradas en Campeche desde tiempos remotos; si no en la práctica formal, al menos en espíritu. Y si no lo creen, basta asistir a cualquiera de las fiestas que los políticos locales celebran en honor al dios Baco. El Partenón Campechano es el templo donde se rinde culto a dichas deidades, entre muebles finos y artículos de decoración para el hogar.
La Hija de la Estatua de la Libertad

Las semejanzas entre Campeche y Nueva York son tantas que un viajero inexperto podría terminar creyendo que está en una cuando en realidad se encuentra en la otra. Ambas son ciudades costeras, importantes centros mediáticos, con una electrizante vida nocturna (al que no esté de acuerdo, lo reto a ver Summer Nights por Telesur) y cuyos parques principales fueron, hasta hace relativamente poco, nidos de malvivientes y prostitutas. No sorprende, entonces, que Campeche sea el lugar de residencia de la Hija de la Estatua de la Libertad. Ubicada en el Parque de la Libertad, en Palizada, esta versión austeramente iluminada (aunque eso sí, con un foco de muchos watts) imita a su célebre progenitora e invita a los pobres, a los cansados y, en general, a toda la bola de gandallas a gozar de los privilegios de vivir en libertad: “Dadme vuestros seres pobres y cansados. Dadme esas masas ansiosas de ser libres, los tristes desechos de costas populosas. Que vengan los desamparados. Y que todos traigan su propio trago.”
El Monumento a las Madres Mutantes de Seis Dedos

Cuenta la leyenda que un día de verano fue tal el calor que azotó la ciudad de Campeche, que decenas de madres campechanas, agobiadas por la inclemente temperatura, decidieron darse un chapuzón en la Ría, ignorando, desde luego, el estado de putrefacción y contaminación de sus aguas, provocado por los desperdicios tóxicos que diariamente son vertidos en ellas. El resultado saltó a la vista horas más tarde, cuando en el Seguro Social varias mujeres presentaron el mismo síntoma: el brote de un sexto dedo en la mano izquierda. El Gobierno del Estado, alarmado por la situación y tras mandar a analizar las aguas con los científicos de mejores credenciales en materia de desechos radiactivos, decidió tomar cartas en el asunto: exiliar al municipio de Palizada a todas las madres infectadas para evitar que aquellas horrendas mutantes espantaran a los miles (¿qué digo miles? ¡Millones! ¡Billones!) de turistas que nos visitan durante la temporada veraniega. Es, pues, en honor a estas desdichadas mujeres mutantes que en esa noble localidad se mandó erigir un monumento para rendirles tributo.
Las Torres Siamesas

¡Y hubo quienes rieron cuando hablé de las muchas semejanzas que existen entre Campeche y Nueva York! Para que vean que estas no terminan en que ambos puertos cuentan con Estatuas de la Libertad que invitan a todo género de elementos perniciosos de las sociedades aledañas a instalarse en ellos (¿leyeron el periódico de ayer? ¿Los polleros? ¿Las brasileñas? ¡Aquí, en Campeche!), hoy les presentamos, en un verdadero alarde de mal gusto, este portento de la arquitectura campechana. Unidas por la cadera, las estructuras bien pudieran pasar por las primas acondroplásicas y obesas de las difuntas Torres Gemelas neoyorquinas; son los dedos chatos y regordetes con los que Campeche intenta, vanamente, tocar el cielo.
DATO CURIOSO, 100% CIERTO: El día de los atentados terroristas al World Trade Center hubo gente que en verdad temió por la seguridad de quienes trabajaban en las Torres Siamesas, vinculando (como siempre) a la plataforma petrolera de Ciudad del Carmen con una supuesta amenaza de Al Qaeda contra Campeche. Hasta el momento, sin embargo, lo único que se ha aporreado contra las torres son los pájaros y una que otra piedra, con efectos a veces dramáticos, pero nunca fatales (salvo en el caso de uno que otro pájaro).
Monumento de Carlos Salinas de Gortari para México

Nunca antes un monumento representó con tal exactitud una idea o concepto tan abstracto. Ni siquiera el mismísimo Miguel Ángel habría podido cumplir tan complejo encargo del Gobierno Federal. Para quienes no lo recuerdan o lo ignoraban, el 2 de diciembre de 1988 se puso en marcha el programa Solidaridad, primera acción de gobierno de nuestro muy amado y añorado presidente Carlos Salinas de Gortari, quien, en coordinación con su pandilla de blancas palomas, se dio a la tarea de lograr lo que ningún otro gobierno en la historia había conseguido jamás: quebrar al país mientras todos y cada uno de nosotros lo vitoreábamos al borde de la histeria.
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Y no, no tengo tan buena imaginación como para inventar algo tan rocambolesco como El Arca de Regina. Aquí está toda la evidencia que recabé con la ayuda de mi primo Pony: la fachada de la casa, el interior, los testigos, los vestigios, el mapa del maestro Tino, los reportajes de la época y el mural de la famosa cafetería La Parroquia, que anuncia lo que todos sabemos que algún día ocurrirá.





















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Y para finalizar, mi papá, viajando rumbo al Gran Cañón del Colorado. No sin antes enseñarme a ser invencible, la única manera de sobrevivir como escritor.

