Historias debidas

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PUBLICADO EN

JUL, 2026

Historias debidas

Relatos inspirados en vivencias, encuentros y escenas que quedaron pidiendo ser contadas. Con humor, melancolía y una mirada autobiográfica, Historias debidas recorre pueblos, amistades, amores, pérdidas y episodios cotidianos que persisten en la memoria sin una razón aparente, hasta encontrar por fin su forma.

Sobre el autor

Rodrigo Guillenea (Montevideo, Uruguay, 1971)

Es comunicador, guionista, productor televisivo, fotógrafo y escritor. Vivió en el interior uruguayo, en Maldonado y en Montevideo. Trabajó en televisión, columnas de humor, ficción, cortometrajes y formatos de entretenimiento para Uruguay y otros países.

Sobre el libro

«Historias debidas» es el décimo cuarto volumen de la Colección Hormiguero. Portada rústica sin solapas. Tamaño 20×14 cm. 156 páginas. ISBN 14-788415-525783. Primera edición: julio 2026.

Prólogo

Historias debidas reúne cuentos que parecen escritos después de una larga conversación pendiente. Rodrigo Guillenea no trabaja la memoria como museo, sino como deuda: escenas guardadas durante años, pueblos mínimos, amistades, amores, episodios absurdos, pérdidas, vergüenzas y encuentros que por alguna razón siguieron pidiendo ser contados.

Hay en el libro una mezcla muy natural de autoficción y humor, de ternura y distancia, como si cada relato supiera que la vida propia solo se vuelve narrable cuando uno acepta deformarla un poco. El autor viene del mundo audiovisual, de la televisión, el guion, los formatos de juego, los sketches y las columnas de humor, y esa gimnasia aparece en el ritmo: los cuentos saben entrar, cortar, rematar, cambiar de tono. Pero no son piezas de efecto. Debajo de la gracia hay una melancolía persistente, una conciencia del tiempo perdido y del tiempo recuperado. Algunas historias nacen en pueblos del interior uruguayo, otras en Montevideo o Maldonado, otras en zonas menos geográficas: la amistad, la procrastinación, el deseo de ser visto, la torpeza de querer algo y no animarse del todo. El título tiene una verdad sencilla: estas historias estaban debidas, no al mundo, sino al propio autor. Debían salir de la carpeta, del apunte, del esqueleto, de esa vida paralela donde tantos escritores guardan lo que no terminan. Este libro salda parte de esa deuda y lo hace con algo raro: pudor, oficio y alegría. Como si publicar fuera también, finalmente, una manera íntima de ponerse al día con uno mismo.

Editorial