Sobre el autor

Alejo Molochnik (Buenos Aires, Argentina, 1981)
Trabajó durante años en publicidad y vivió en Alemania y España antes de dedicarse a nuevos proyectos personales. Escribe desde experiencias atravesadas por la expatriación, la amistad y la memoria. La última vez que trepé un árbol es su primer libro.
Sobre el libro
«La última vez que trepé un árbol» es el décimo sexto volumen de la Colección Puertas de Papel. Portada rústica sin solapas. Tamaño 20×14 cm. 156 páginas. ISBN 16-788415-525783. Primera edición: julio 2026.
Prólogo
La primera vez que Alejo Molochnik se fue de Argentina creyó que viajaba por trabajo. Después descubrió que una mudanza también es una forma lenta de perder idioma, costumbres y hasta equipos de fútbol. Vivió en Múnich durante la pandemia, encerrado en departamentos donde a las tres de la tarde ya parecía de noche. Más tarde llegó Madrid. En el medio perdió trabajos, armó otros proyectos, estudió mecánica, hizo un retiro de meditación vipásana de diez días en silencio absoluto y empezó a escuchar una voz que quería contar historias. No una voz mística. Una voz más incómoda: la que aparece cuando dejan de sonar todas las demás.
La última vez que trepé un árbol parece escrito desde ese lugar. Hay cuentos donde sobreviven amigos del conurbano bonaerense capaces de cometer crueldades infantiles que hoy serían delitos menores. Padres reservados cuyo legado pesa más por lo que callan que por lo que dicen. Expatriados que no saben a qué equipo alentar y entienden que esa pregunta absurda es también una pregunta sobre pertenencia. Y hay barrios donde aparentemente no ocurre nada, salvo todo lo importante. El título del libro entiende esa nostalgia sin subrayarla. El árbol puede ser la infancia, una amistad, un tanque de agua trepado en los noventa o la última vez que alguien sintió que el mundo todavía era escalable. Alejo evita convertir esos recuerdos en homenaje. Prefiere hacer algo más difícil: mostrar cómo ciertas violencias pequeñas, familiares o sociales, permanecen vivas muchos años después. Los cuentos de este libro miran hacia atrás, pero no para quedarse ahí. Miran hacia atrás para entender por qué seguimos intentando trepar a los árboles.