Sobre el autor

Juan Fernández (Río Gallegos, Argentina, 1991)
Escribe desde la infancia, cuando ensayaba conversaciones enteras para comprender mejor el mundo. Su vínculo con la literatura combina imaginación, historia y emoción. El almacén de los milagros es su primer libro personal y reúne relatos atravesados por lo fantástico y la identidad.
Sobre el libro
«El almacén de los milagros» es el décimo segundo de la Colección Puertas de Papel. Portada rústica sin solapas. Tamaño 20×14 cm. 156 páginas. ISBN 12-788415-525783. Primera edición: julio 2026.
Prólogo
Hay una escena de la infancia de Juan Fernández que podría explicar este libro entero. Todos los domingos, mientras otros chicos pensaban en jugar o aburrirse, él escribía conversaciones posibles. Ensayaba diálogos para el lunes siguiente porque el mundo social le resultaba imprevisible. Escribía cuatro o cinco páginas con respuestas imaginadas, chistes preparados, intercambios futuros. Después llegaba la escuela y alguien decía: «¿Escuchaste el nuevo tema de Rodrigo?» y todo el guion se derrumbaba.
Muchos años después, ya adulto, recibió un diagnóstico de trastorno del espectro autista. Algunas piezas encontraron lugar. Otras siguieron siendo misterio. Pero algo permaneció intacto: la necesidad de ordenar el caos con palabras. Juan nació en Río Gallegos en 1991. Es de esos autores que escriben contra reloj, que dudan, se bloquean y llegan sobre la hora. Una vez ganó un concurso literario después de descubrir, el último día, que había entendido mal la consigna. Reescribió todo en tres horas, con Peperina de Serú Girán sonando de fondo. Ganó. El almacén de los milagros reúne cuentos donde aparecen guerras, objetos cargados de sentido, personas que buscan pertenecer y emociones que modifican la realidad. También hay milagros mínimos: una conversación ensayada, una carta, una puerta que se abre, una tapa de libro imaginada como un bazar lleno de objetos que cambiaron vidas. Quizás escribir haya sido siempre eso para Juan: construir un lugar donde guardar aquello que el mundo exterior no logra ordenar. Un almacén propio. Y después, con cierta timidez, abrir la persiana para que entremos nosotros.