Impunes

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PUBLICADO EN

JUL, 2026

Impunes

En Impunes, Agustín Bruno retrata personajes impulsados por obsesiones discretas, ironías y pequeñas rebeliones íntimas. Sus cuentos convierten situaciones mínimas en territorios incómodos donde conviven culpa, ternura y cinismo. Es un libro sobre personas comunes intentando escapar de sí mismas.

Sobre el autor

Agustín Javier Bruno (Rosario, Argentina, 1991)

Escribe desde la adolescencia, cuando encontró en la literatura una forma de expresión más duradera que el fútbol o la escuela. Lector intermitente y apasionado del escritor chileno Roberto Bolaño, reúne en Impunes cuentos atravesados por ironía, obsesión y extrañeza cotidiana.

Sobre el libro

«Impunes» es el cuarto volumen de la Colección Puertas de Papel. Portada rústica sin solapas. Tamaño 20×14 cm. 156 páginas. ISBN 04-788415-525783. Primera edición: junio 2026.

Prólogo

La escritura apareció en la vida de Agustín Bruno cuando todavía parecía que su única habilidad verdadera era jugar al fútbol. La escuela quedaba lejos. Los lugares donde otros encontraban una identidad tampoco terminaban de servirle. Entonces surgió otra cosa, primero confusa y después persistente: la necesidad de escribir.

No como una vocación solemne ni como un proyecto, sino como una forma de expresión capaz de quedarse cuando el resto se desordena. Impunes reúne cuentos escritos en distintas épocas, algunos nacidos hace años desde el impulso puro y otros más recientes, donde asoman preguntas sobre lo social, la política o ciertas violencias que parecen normales hasta que alguien decide mirarlas de cerca. Hay ironía en estas páginas, una mirada ligeramente torcida sobre el comportamiento humano y personajes que cargan obsesiones, culpas o pequeñas rebeldías. Pero debajo del cinismo aparece otra cosa: una sensibilidad que nunca termina de abandonar a sus criaturas. Quizás por eso los relatos incomodan sin volverse crueles. En algún momento, Agustín descubrió al escritor chileno Roberto Bolaño y entendió que ciertos libros funcionan como territorios donde uno entra y permanece más tiempo del previsto. Sus cuentos producen algo parecido. No intentan resolver el misterio de las personas ni ofrecer moralejas. Observan. Acompañan. Esperan. Como si escribir hubiera sido siempre eso: acercarse a las rarezas propias y ajenas con suficiente paciencia para convertirlas en literatura.