Lo perdido

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PUBLICADO EN

JUL, 2026

Lo perdido

En Lo perdido, Silvana Bernal reúne relatos donde la fantasía dialoga con el desarraigo, las mudanzas y la memoria. Son historias atravesadas por vínculos familiares, ausencias y crecimiento emocional. Un libro sensible que convierte la pérdida en búsqueda y la intimidad en refugio.

Sobre la autora

Silvana Bernal (Buenos Aires, Argentina, 1980)

Economista especializada en marketing digital, vivió en Australia, Malta y actualmente reside en Valencia. Escribe desde la infancia, primero para guardar y después para compartir. Lo perdido es su primer libro: relatos donde memoria, mudanza y sensibilidad se entrelazan.

Sobre el libro

«Lo perdido» es el trigésimo primer volumen de la Colección Puertas de papel. Portada rústica sin solapas. Tamaño 20×14 cm. 156 páginas. ISBN 31-788415-525783. Primera edición: junio 2026.

Prólogo

Hay personas que atraviesan continentes con más facilidad que una conversación difícil consigo mismas, y después descubren que ninguna mudanza sirve para dejar atrás ciertas preguntas. Lo perdido parece escrito desde ese descubrimiento.

Silvana Bernal vivió en distintos países, aprendió a empezar de nuevo varias veces y construyó una vida donde el movimiento es casi una costumbre, pero sus relatos se detienen justo en aquello que permanece cuando todo cambia: la sensación de extrañeza, la nostalgia inesperada, los vínculos que sobreviven o se transforman. Quizás por eso en estos cuentos aparecen ventanas, objetos con una lógica secreta o realidades apenas desplazadas, porque la fantasía funciona menos como evasión que como una manera de mirar con más precisión. Hay una sensibilidad que atraviesa el libro entero y que recuerda algo que los lectores de la escritora italiana Elena Ferrante conocen bien: las emociones importantes rara vez aparecen ordenadas. También asoma cierta inquietud cercana a las distopías que Silvana frecuenta, esa sospecha de que el mundo cotidiano puede deformarse de golpe y obligarnos a aprender nuevas reglas. Pero el centro del libro está en otro lado. Está en una mujer que escribió durante años para guardar, no para mostrar, y que entendió bastante tarde que exponer una fragilidad no siempre significa perder protección; a veces significa ofrecer compañía. Lo perdido nace ahí, en ese punto extraño donde la escritura deja de ser refugio privado y empieza a convertirse en puente.