Ya vendrá quien me haga buena

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PUBLICADO EN

MAY, 2026

Ya vendrá quien me haga buena

Ya vendrá quien me haga buena reúne cuentos donde la ironía, la memoria familiar y las pequeñas batallas cotidianas revelan algo más profundo. Silvia Giménez observa con precisión y humor los vínculos, los mandatos y las grietas de la vida adulta. Un libro filoso y sensible, escrito por alguien que llegó a tiempo a sí misma.

Sobre la autora

Silvia Giménez (Córdoba, Argentina, 1976)

Escribió desde chica, criada entre libros y una madre profesora de lengua y literatura. Estudió administración de empresas, publicó la novela La dirección correcta y, al borde de los cincuenta, decidió dedicarse de lleno a escribir. Vive en Córdoba y tiene un hijo adolescente.

Sobre el libro

«Ya vendrá quien me haga buena» es el trigésimo segundo volumen de la Colección Cuento y Aparte. Portada rústica sin solapas. Tamaño 20×14 cm. 156 páginas. ISBN 22-788415-525769. Primera edición: mayo 2026.

Prólogo


Hay una escena que se repite a lo largo de este libro: alguien mira hacia atrás e intenta entender. No siempre lo logra. A veces apenas consigue reconstruir fragmentos, unir momentos que no encajan del todo, darle una forma precaria a lo que fue. En ese gesto aparece la verdadera materia de Barquitos de papel.

Lucas Cantacesso escribe desde la memoria, pero no desde una memoria tranquila. Sus relatos avanzan sobre un terreno inestable, donde los recuerdos cambian de tono según quién los mire y desde dónde. Lo que importa no es la exactitud de los hechos, sino la huella que dejaron. Por eso cada historia se sostiene en una sensibilidad que evita lo solemne y apuesta por lo cercano. El libro está atravesado por los vínculos. La figura del padre ocupa un lugar central, pero no como un retrato fijo, sino como una presencia que se desplaza, que aparece en distintas edades, en distintas escenas, en distintos silencios. A partir de ahí se abre un mapa más amplio: la infancia, los amigos, el barrio, los primeros trabajos, los gestos mínimos que terminan construyendo una identidad. Cantacesso encuentra en lo cotidiano una intensidad particular. No necesita grandes acontecimientos. Le alcanza con una imagen, un diálogo, un recuerdo que vuelve en el momento menos esperado. Desde ahí construye relatos que avanzan con naturalidad y, sin buscarlo, dejan una marca. Este libro no intenta cerrar nada: propone quedarse un poco más en aquello que todavía no se entiende del todo.