HERNÁN CASCIARI: Cómo me gusta la puntualidad. Soy obsesivo de la puntualidad. ¿Cómo estás?
FRANCISCO PRAGLIA: ¿Qué hacés, Hernán? Todo bien. Un gusto conocerte.
H: ¿En qué parte del mundo te encuentro?
F: En Escobar. Nací en Chivilcoy, me fui a estudiar Medicina a La Plata, después hice la residencia en Buenos Aires, me casé y terminé viviendo por acá. Soy traumatólogo infantil.
H: ¿Y la literatura cómo entra en ese mundo?
F: Yo nunca escribí literatura antes. Escribo canciones. Toco la guitarra desde los diez años, tuve varias bandas y hoy sigo teniendo una. En mi familia sí hay gente que escribe: mi vieja, mis abuelos, mi hermana.
H: ¿Y este libro de dónde aparece?
F: Me separé hace un tiempo y durante los primeros meses tuve mucha introspección. Quería hacer unos cuadros para mi nueva casa con imágenes que representaran mis canciones. Después pensé en un librito donde apareciera la imagen y yo contara algo de cada canción. Y ahí empezó a crecer otra cosa.
H: ¿Qué otra cosa?
F: Una dicotomía que tuve siempre: el artista y músico que fui y que nunca me animé a llevar hasta el final, y el hombre que hizo otra vida, que fue padre de dos hijos. Al final el libro me sirvió para entender que no son dos personas distintas. Siempre lo digo en broma: no soy un músico frustrado; soy una estrella de rock que terminó consagrándose como cirujano.
H: Es una gran definición. ¿Cómo aparece Frank en la historia?
F: Frank viene de mi nombre artístico en la música. Al principio el protagonista y Frank parecen dos desconocidos. Hay una caja que nunca se abre y que representa todo lo que uno carga. Al comienzo pesa muchísimo y al final, cuando el personaje se va amigando con sus dos partes, se vuelve liviana.
H: Y también cambia físicamente.
F: Sí. Al principio es un tipo de corbata, afeitado, muy formal. Después empieza a dejarse la barba, le aparecen tatuajes. Hay una metamorfosis. Yo lo imaginé casi como una obra de teatro.
H: Además el libro tiene música real.
F: Sí. La música está hecha y grabada. Cada capítulo tiene una especie de soundtrack y hay un tema que funciona como leitmotiv: «Cuántas veces giró la rueda». Está grabado en distintas versiones y va apareciendo de diferentes maneras.
H: Eso abre una posibilidad editorial hermosa: códigos QR, una página del libro, bonus tracks.
F: Esa era la idea. Que el lector pueda encontrar la canción, la letra, alguna imagen relacionada y después entender el capítulo de otra manera.
H: ¿Cuántas palabras tiene hoy?
F: Un poco más de veinte mil. Está en ese rango de veinte a veinticinco y, en teoría, está cerrada. Le faltan ajustes de edición, obviamente.
H: ¿Sos muy lector?
F: No tanto. Me gusta leer, pero no tengo la cultura de lectura que tiene mi vieja. Ella es fanática, tiene bibliotecas enteras.
H: Durante octubre y noviembre vas a tener un editor profesional leyendo el libro completo y haciendo sugerencias conceptuales. Al mismo tiempo, todos los martes trabajo con la camada sobre personajes, progresión, ritmo, condensación y estructura. El 1 de diciembre se suelta el manuscrito y entra en corrección.
F: Perfecto.
H: Después viene maquetación, diseño y las pruebas de galera. Entre Navidad y Año Nuevo recibís el libro completo en PDF para la última revisión y el 2 de enero entra a imprenta.
F: Espectacular.
H: Lo interesante en tu caso es que el libro puede convertirse en una experiencia más amplia que la lectura. La parte musical no es decorativa: puede ser parte central del objeto.
F: Para mí lo mejor del libro va a ser justamente la música. Esto, en el fondo, era contar un diálogo interno que siempre quise tener.
H: Entonces vamos a darle mucha bola a eso desde el lado editorial. La semana que viene te llega toda la información y arrancamos.
F: Bárbaro, Hernán. Un gusto conocerte.