HERNÁN CASCIARI: ¿Cómo estás, Martina? ¿Todo bien? ¿Dónde te encuentro? ¿En qué parte del mundo?
MARTINA ESTEVAN DEL CARPIO: En Viedma, Río Negro, Argentina.
H: ¿Naciste ahí?
M: Sí. Nací acá y viví muchos años acá, pero después me fui a estudiar a La Plata. Estuve diez años estudiando Psicología. Soy psicóloga. Volví en 2022 y desde ahí estoy viviendo de nuevo acá.
H: Contame un poco de «Tiempario». ¿Cómo nace, cómo surge, en qué momento empezaste a escribirlo?
M: La realidad es que yo escribo desde que aprendí a escribir, más o menos. Desde la escuela. Literalmente me metía a competir en todos los concursos de literatura que encontraba. Y siempre cuentos, nunca otra cosa. De ficción. Hay muchas cosas que tienen que ver conmigo, incluso anécdotas que no son ficción, pero lo que más me gusta escribir es ficción.
«Tiempario», ese nombre específicamente, nació este año porque yo estaba medio perdida con la escritura. Siempre di talleres, incluso doy talleres de escritura creativa acá en Viedma, pero desde que volví, en 2022, me fui más por ese lado y medio que dejé de escribir.
H: Empezaste a hacer docencia y dejaste de escribir. ¿Por qué pensás que fue?
M: También coincide con el momento en que empecé a ejercer, a trabajar de psicóloga. Empecé al mismo tiempo a trabajar dando talleres de escritura y siento que no me dio la energía psíquica para escribir. Yo lo hacía medio de pasatiempo, de gusto. Toda la vida escribí muchísimo; era mi vía de escape, de entretenimiento, y lo dejé de hacer.
Entonces este año dije: ¿qué puedo hacer? Compito todos los años en el Mundial de Escritura de Santiago Llach. Con mi taller, que hace tres o cuatro años que somos el mismo grupo, nos anotamos siempre como grupo. Ya somos amigos. Ahí por ahí me ponía a escribir con ellos para los mundiales, pero nada más.
Y este año dije: «Bueno, me voy a proponer escribir un cuento por semana».
H: ¿Y de ahí sale el nombre?
M: Sí. Le puse «Tiempario» porque soy muy fan de Cortázar. De hecho, mi tesis de Psicología fue un entrecruzamiento entre Freud y Cortázar. Y como él tiene «Bestiario», nació un poco a partir de ahí el nombre.
H: ¿Qué te gusta más de Cortázar: el cuento o la novela?
M: El cuento, sin dudas. En mis talleres mis alumnos lo saben porque llevo los cuentos una y otra vez. Me fascina ese realismo mágico que tiene. Yo escribo mucho también de esa manera.
H: ¿Cuántos cuentos tiene «Tiempario»?
M: Tuve que hacer una selección porque en el archivo ya tenía como setenta cuentos. No los escribí todos este año: agregué también los que más me gustan de toda la vida. Para subirlos a la plataforma terminé subiendo veintidós, que es un montón. Me quedaron 32.000 palabras, o sea, me pasé mal.
H: Te pasaste un poco.
M: Total. Pero tengo muy en la cabeza cuáles para mí tienen que estar sí o sí, porque incluso tienen como un hilo conductor de género. Escribo o muy dramático y romántico o muy perturbador.
H: Te vas de un extremo al otro. Y hay algunos que son muy románticos y al mismo tiempo se vuelven perturbadores: cambiás de género en el mismo cuento.
M: Sí, también. Mi familia, mis amigos y mis alumnos ya me conocen. Me dicen: «A ver, ¿qué hiciste? Porque estás mal de la cabeza». Ya se preparan para leer algo más cerca de Samanta Schweblin o Mariana Enríquez. Pero eso es lo que más me gusta a mí también.
H: ¿Cómo sospechás que vas a llevarte teniendo un editor o una editora que te acompañe durante todo el proceso y te sugiera cosas? ¿Te vas a sentir cómoda o pensás que te vas a retobar un poquito?
M: No, al contrario. Tuve una publicación anterior con la editorial Tinta Libre y fue muy acompañada la edición y la corrección. Yo estuve presente y la realidad es que a mí me encanta eso. Es un ejercicio que hago también con mis propios alumnos: nos corregimos todos con todos.
Hay cuentos que escribí hace seis años y ya los leo y no me surge nada. No puedo verlos como lectora. Ya no sé si me encantan, si los odio, si les quiero corregir algo. Ya no veo nada.
H: Cuando un texto llega a ese punto, un editor es perfecto.
M: Totalmente. Lo que me gusta de que otro lo vea y me corrija es que puede ver cosas que yo, por haberlo escrito, nunca voy a ver.
H: Con respecto a la extensión, no es que tengas prohibido pasarte. Lo que ocurre es que cuando un libro pasa al segundo grupo de cantidad de palabras cambian la cantidad de páginas de imprenta, el precio de imprenta, el valor del corrector, el valor del editor. Entonces sube el precio de venta al público y sube un poco lo que vos pagás de inicio. Si te mantenés entre 20.000 y 25.000 palabras, está todo bien. Si decidís pasarte a otra instancia también es posible, pero es un poco más caro.
M: Sí, me imaginaba.
H: Y también es un poco más costoso para tus lectores. Mi consejo siempre es mantenerse entre las 20.000 y las 25.000, que es un libro de unas 160 páginas. Igual en las clases voy a explicar todo esto con claridad. No quiero que te sientas presionada a quitar cuentos, sino que sepas cuáles son las consecuencias.
M: Sí, totalmente. Cuando seleccionaba pensé también en eso. Sé reconocer cuáles podría sacar todavía y cuáles sí o sí quiero que figuren.
H: Además, sacar un cuento no es descartarlo: es guardarlo para otro libro. Tiene otras reglas de juego, nada más. ¿Tenés alguna consulta o duda sobre el proceso que va a empezar en octubre?
M: No, porque ahora estoy también en tu taller, el de los sábados. Hay un grupo donde los alumnos hablan muchísimo y sirve un montón para despejar dudas porque muchos ya han publicado y cuentan sus experiencias.
H: ¿Y cómo vas con las tareas?
M: Bien. Voy llevándolas como debería, una por día. A veces hago dos en un día, o me atraso o me adelanto, pero sí o sí trato de llegar a todos los sábados con las tareas hechas porque sé que si no, no voy a comprender la clase.
H: Igual la clase está preparada para que, aunque no tengas tiempo de hacerlo en tiempo real, lo puedas hacer asincrónico. Pero qué bueno que estés ahí.
M: Sí, me encanta. Nunca escribí una novela o algo más largo. Siempre cuentos, y suelen ser cuentos cortos porque tengo una idea y me agarra una ansiedad: la tengo que plasmar toda de una.
H: Y como lectora, ¿qué disfrutás más: el cuento o la novela?
M: La novela. Soy muy lectora, sobre todo cuando tengo tiempo, creo que más en vacaciones. Me gusta mucho empezar un libro y saber qué sigue, qué sigue, qué sigue. También leo muchos cuentos, pero los utilizo más para el trabajo, para los talleres.
H: ¿Y con la exposición pública cómo te llevás?
M: Con mis amigos bien. Pero acá en Viedma tenemos feria del libro, un montón de eventos culturales, radios, todo. He ido como invitada, pero soy más bien vergonzosa. Frente a un montón de público desconocido me achico mal.
H: ¿Preferís editor o editora? ¿Tenés alguna preferencia?
M: No, me da completamente lo mismo. Siento que el género que escribo es para todos. Hay personas que sienten que sus lectores son más mujeres o más hombres y en mi caso no.
H: Vas para los dos lados sin problema. Las clases van a empezar más o menos en la primera semana de octubre. Son semanales, duran dos meses, pero las clases no son todo. Después están las charlas personales, tus charlas con tu editor o editora, el acompañamiento durante esos dos primeros meses. Después el libro entra en corrección, en maquetación, recibís las pruebas de galera y eso va a pasar en diciembre. A finales de diciembre entra a imprenta, así que en enero tenés el libro.
M: Perfecto. Me encanta porque tenía muchas dudas. Yo lo tengo todo anotado en cuadernos. Como me voy de un extremo al otro en los cuentos, me preguntaba cómo hacer un libro más ordenado.
H: Bueno, de eso se trata justamente: que haya una coherencia de eje temático. No que el tema sea el mismo, pero que haya una coherencia de eje. Yo me voy a encargar mucho del libro como objeto: portada, imagen de portada, difusión. Y el editor se va a meter de cabeza en la lectura del interior del libro. Ese es el juego. Te doy la bienvenida y empezamos en octubre.
M: Muchas gracias, Hernán. Me encantó conocerte.
H: Igualmente, Martina. Nos vemos.