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PATRICIO DENEGRI / RASTROJO. LOS RESTOS DE LA COSECHA

«’Rastrojo’ es la obra más grande que escribí en toda mi vida»

Patricio Denegri nació en La Dulce, un pueblo del interior bonaerense, y vive en Plottier, Neuquén. Entrenador de básquet durante buena parte de su vida profesional, escribe todos los días y ya publicó cuentos y una novela corta. «Rastrojo. Los restos de la cosecha» le llevó dos años de trabajo y supera las 160.000 palabras.

PRIMERA CONVERSACIÓN · 23 de septiembre de 2026 · 15:20

HERNÁN CASCIARI: ¿Dónde estás? ¿En qué parte del mundo te encuentro en este momento?

PATRICIO DENEGRI: Estoy en Plottier, provincia de Neuquén.

H: Mirá vos. Segunda persona de Plottier con la que charlo hoy. Hace un ratito estaba hablando con Paola Gómez, que también es de Plottier y también está escribiendo una novela. ¿Qué hacés de tu vida? ¿De qué laburás?

P: Hice una carrera durante mucho tiempo como entrenador deportivo de básquet. Este año hice una pausa y tuve que salir a buscar laburo. Ahora estoy dirigiendo una escuela municipal.

H: ¿Naciste en Plottier?

P: No. Soy de la provincia de Buenos Aires, de un pueblo muy chiquito que se llama La Dulce, a cincuenta kilómetros de Necochea.

H: Campo adentro.

P: Campo adentro.

H: ¿Y tu relación con la literatura cómo se enmarca dentro de todo esto que tiene que ver con el básquet? ¿Siempre escribiste o es una cosa nueva?

P: Siempre escribí y siempre leí muchísimo. Cuando arrancó mi carrera, que fue un poco vertiginosa, medio que lo dejé. A los veintiocho años me di cuenta de que lo extrañaba un montón y me puse de nuevo. También me di cuenta de que tenía que ganar disciplina y conocimiento, así que empecé a estudiar informalmente, a escuchar, a ver conferencias y a escribir.

H: ¿Y empezaste a publicar?

P: Algunos cuentos anduvieron bien. Terminé publicando de forma autogestionada un libro de cuentos que se llama «Los perros negros no traen mala suerte». Fue una autopublicación que me dejó muy satisfecho porque, cuando me ofrecían publicar, me pedían plata y yo lo que quería era tener un proceso: necesitaba edición, una segunda voz que me ayudara con la estructura. Después publiqué una novela corta, «Todos los pájaros de humo», y tuve la suerte de ganar un concurso de cuento de ciencia ficción. En los últimos años también me publicaron cuentos en una editorial de Capital que trabaja mucho fantástico y terror.

H: O sea que agarraste hábito.

P: Sí. Escribo todos los días y tengo varias cosas terminadas. Pero creo que estoy como muchos de nosotros: cuesta mucho entrar a las editoriales.

H: Golpeamos puertas sin saber si hay alguien del otro lado.

P: Exactamente.

H: Contame sobre «Rastrojo. Los restos de la cosecha». ¿Es una obra que tenés desde hace mucho? ¿La terminaste hace poquito?

P: Rastrojo es la obra más grande que yo he escrito, tanto en volumen como en tiempo de trabajo. La laburé dos años, con algunas interrupciones cuando aparecía un cuento o algo así. La terminé el año pasado para presentarla a uno de los premios grandes.

H: ¿Y qué pasó?

P: No gané, obviamente. Pero me sirvió mucho porque la edité dos veces. Siempre lo tuve que hacer yo por una cuestión de costos. La laburé un montón y quedé muy contento con lo que logré.

H: ¿Qué extensión tiene?

P: Más de 160.000 palabras.

H: Bueno, ahí tenemos un tema, porque no podemos publicar algo de ese tamaño.

P: Claro. Ese era uno de los temas que quería preguntarte.

H: Generalmente, con una novela de ese tamaño, lo que hacemos es publicar una parte para ver cómo funciona y convertirla en una saga. ¿Tiene cortes más o menos predefinidos?

P: Tiene tres partes. En realidad, la parte tres tiene más o menos la misma extensión que la uno y la dos juntas. Para mí tranquilamente podría dividirse en dos libros: partes uno y dos juntas, y la parte tres como segundo libro.

H: Lo primero que tenemos que mirar es el costo. Nosotros estamos preparados para novelas, libros de cuentos, crónicas o ensayos que en el tramo estándar están alrededor de las veinte o veinticinco mil palabras. Cuando un libro supera las cien mil, el precio empieza a volverse prohibitivo para un autor nuevo. No solamente para el lector: también para vos, porque los primeros veintiocho ejemplares forman parte del financiamiento de la publicación.

P: Claro.

H: Y además hay otra cuestión: al principio lo que necesitás es construir una comunidad de lectores. Un libro enorme y carísimo te juega en contra. Por eso tenemos que encontrar una forma de saga: tres o cuatro libros que puedas ir sacando de a poco, viendo cómo funciona el primero y aprendiendo también las técnicas de difusión y distribución.

P: Sí.

H: Incluso pensando en audiovisual, una saga tiene mucha más potencia. Las productoras buscan historias que puedan crecer. Si les das un ladrillo de 160.000 palabras de un autor nuevo, es difícil. Si les decís que existe un universo pensado en varios libros, la percepción cambia.

P: Entiendo.

H: Por eso mi recomendación fuerte sería dividir «Rastrojo. Los restos de la cosecha» en cuatro. Buscar cuatro libros de alrededor de cuarenta mil palabras —alguno más largo, otro más corto— y trabajar ahora específicamente sobre el primero. Cada parte tendría que tener un final interesante y suficientemente autoconclusivo, pero al mismo tiempo dejar ganas de ir a la segunda.

P: Sí.

H: La otra opción es bajar muchísimo la extensión y contar toda la historia en unas cuarenta y cinco mil palabras. Se puede, obviamente, pero es muchísimo más trabajo. Hay que saber qué sacar y además aparece una sensación fuerte de frustración con todo lo que queda afuera.

P: Sí, totalmente.

H: En cambio, partirla en cuatro permite pensar también el futuro de la historia, la creación de una comunidad de lectores que te vaya pidiendo la segunda, la tercera y la cuarta parte. Es una decisión importante.

P: Sí.

H: Y lo ideal sería que la tomes antes de que empiece el taller, porque esa decisión define sobre qué libro vamos a trabajar primero.