HERNÁN CASCIARI: Mónica, contame un poco de vos. ¿Dónde vivís y a qué te dedicás?
MÓNICA MORELLO: Vivo en Granadero Baigorria desde hace diez años. Nací en Rosario, me crié en Fray Luis Beltrán, después viví en Capitán Bermúdez y siempre me fui moviendo por esta zona. Soy docente desde hace veinticinco años y trabajo con chicos de séptimo.
H: ¿Y la escritura viene de siempre?
MM: Sí. Tengo una novela autopublicada, biográfica, donde conté la historia de mi mamá. Después tengo esta, que está terminada, y estoy trabajando en una tercera novela.
H: ¿Y «Todas las partes» es ficción o también trabaja con cosas que pasaron?
MM: Es ficción. Decidí ambientar una parte en San Lorenzo, en 1986, en el colegio nacional donde hice la secundaria. La otra parte transcurre en San Cosme, Corrientes. No conozco San Cosme: elegí el nombre porque me gustó y busqué en Google Maps los recorridos, la ruta, el cementerio.
H: Contame la historia.
MM: Empieza con un asesinato en el cementerio de San Cosme. Aparecen dos cuerpos: uno desconocido y el otro es el capataz de una familia empresaria, los Arismendi. Uno de los hermanos, Emilio, está bastante ajeno a lo que pasa en la empresa; el otro, Diego, hace negocios torcidos y lo mantiene al margen. Después la novela salta al pasado, a 1986, y algunos de esos personajes son compañeros de cuarto año B.
H: ¿Y qué pasa en ese curso?
MM: Hay una chica, Eugenia, que hostiga al gordo Ferretti. En esa época no se hablaba de bullying, pero era eso. Quise mostrar también los chats de papelitos de nuestra época: mensajes que pasaban de banco en banco, burlas hacia compañeros, profesores, una preceptora autoritaria que amenaza con amonestaciones. Y hay un profesor de Economía con un estudio contable que termina enredado con los negocios de un abogado vinculado a los Arismendi.
H: ¿Los personajes son todos inventados?
MM: Sí. Tengo muchísimo trayecto en escuelas por mi trabajo, así que hay cosas que conozco muy bien, pero los personajes son inventados.
H: ¿Cómo tenés hoy la novela? ¿Está terminadísima o sentís que falta algo?
MM: Está terminada, corregida y ya hice una clínica de obra con Camila Maurer. Obviamente se le pueden hacer arreglos y modificaciones.
H: ¿Cuántas palabras tiene?
MM: 50.355.
H: Es un libro largo para nuestros estándares. La pregunta inicial es si estás dispuesta a reducir o si sentís que esa extensión es necesaria.
MM: La revisé muchísimas veces y fui sacando, achicando oraciones. Siempre que uno vuelve al texto puede ajustar algo, pero según mi criterio y el de Camila no hay personajes innecesarios ni capítulos que no hagan avanzar la novela. Dentro de cada capítulo se podrán resumir escenas, pero eliminar personajes no. Tuve mucho conflicto con eso: pensé en el protagonismo de un par de personajes y después me empezaron a crecer un montón de otros. No los podía aplastar y tampoco los quería sacar.
H: Perfecto. Esa era la pregunta que necesitaba hacerte. Tengo autores de todos los niveles y esta charla es justamente anterior al inicio para saber dónde está parado cada uno. Si ya trabajaste con Camila, hay una primera versión de edición muy clara. Después te voy a mandar las especificaciones técnicas de lo que significa publicar 30.000, 40.000 o 50.000 palabras: cambia el número de páginas, el costo y el precio de venta.
MM: Lo entiendo. Ya trabajé con una editorial chica y aprendí bastante de todo esto. Fueron muy generosos y me dieron mucha participación en el proceso.
H: Entonces mejor todavía. Octubre y noviembre tomalos para reencontrarte con la obra y para que un editor o editora la lea por primera vez y te haga sugerencias. Son dos meses enteros de edición. Después viene corrección, maquetación, pruebas de galera y, si todo va según el camino ideal, el 2 de enero entra a imprenta y a finales de enero el libro está en la calle.
MM: Para mí esto también es un trabajo de aprendizaje. Nunca había hecho un trabajo tan pormenorizado como el que hice con Camila y hace meses que no leo la novela. Capaz que yo misma vuelvo y digo: ‘Esto se puede tocar’.
H: Exactamente. Y vas a tener tiempo para eso. ¿Tenés alguna otra duda antes de empezar?
MM: Sí. Me invitaron a una feria del libro en San Lorenzo, a los escritores regionales. ¿Ya puedo leer un fragmento de mi novela?
H: Claro. Podés leer un fragmento, podés empezar a difundirla y ya tenés un link para que la gente la compre.
MM: Sí, me llegó. Lo que pasa es que la tapa es muy provisoria y yo todavía quería esperar un poco.
H: Cuando empiece el taller ya vas a poder trabajar la portada. Falta nada.
MM: Tampoco me quiero apresurar. Quería empezar a contar en mis redes que ya tengo terminado, entre comillas, un segundo libro y que está en camino.
H: Esa es exactamente la idea. Podés leer fragmentos, difundir y empezar a contar el proceso desde el principio.
MM: Bueno. Y ahora tengo que hacer una captura de pantalla.
H: Dale, hacé.
MM: A ver, que no me pasen los dedos por delante de la cámara… ahí está.
H: Salimos los dos sonrientes. Perfecto. Bueno, te mando un beso. Me encantó conocerte y empezamos a trabajar la semana que viene.
MM: Gracias, Hernán. Hasta luego.