HERNÁN CASCIARI: Manuel, ¿en qué parte del mundo te encuentro?
JUAN MANUEL AURRECOECHEA: En la Ciudad de México. Nací acá y vivo acá.
H: ¿A qué te dedicás?
JM: Diría que soy historiador. Escribo desde hace mucho, pero no ficción: cuestiones de historia, historieta, fotografía, relaciones entre historia e imagen. Publiqué una historia de la historieta mexicana y organicé colecciones de historieta en la Biblioteca Nacional. Siempre me interesó la ficción y siempre leí mucho, pero nunca publiqué ficción.
H: ¿La mostrabas?
JM: A muy pocos amigos. Participé en algunos talleres de creación literaria que nunca me gustaron demasiado. Sentía que los coordinadores eran más maestros que coordinadores: te contaban historia de la ficción, lógica del cuento, narrativa. A mí me interesaba leer cuentos y discutirlos con los compañeros. Y en otros talleres había demasiada complicidad, una especie de sociedad de elogios mutuos. Entonces, cuando te decían algo sobre tu texto, no sabías cuánto creer.
H: Este proceso es distinto porque es un taller de publicación. El libro ya viene terminado o casi terminado y durante octubre y noviembre lo trabajás intensamente con un editor asignado: principio y final de cada cuento, conflicto, urgencia, coherencia general. Yo voy a acompañar el libro como objeto: portada, contratapa, biografía, foto, tipografía y estética. Después pasa a corrección, maquetación y pruebas de galera antes de imprenta.
JM: Perfecto.
H: Contame de «La unidad de las mujeres». ¿Cuántos cuentos son?
JM: Son trece. Todos suceden en una misma unidad habitacional, inspirada en un conjunto de edificios que se construyó para los Juegos Panamericanos de los años setenta en Ciudad de México. Todos los cuentos suceden en alguno de esos departamentos y en todos la protagonista es una mujer.
H: ¿Son personajes distintos?
JM: Sí. Ninguna tiene nombre: todas son “ella”, pero creo que queda claro que son mujeres diferentes. En cada cuento, en algún momento, una de ellas se cruza con alguno de los personajes de los otros relatos. A veces el cruce no tiene ninguna importancia para la trama; simplemente pasa por ahí. Eso le da una lógica común al libro.
H: ¿Cómo apareció esa regla?
JM: Empezó con un cuento. Leí una entrevista a la mujer de Rodolfo Walsh que estuvo exiliada en México, una entrevista de Elena Poniatowska. Me impresionó mucho esa historia de una mujer dedicada simplemente a sobrevivir, triste, sin saber ya muy bien por qué, después de todo lo ocurrido con la dictadura. El cuento no habla de ella; es ficción. Fue solamente el punto de partida. Después de escribirlo y corregirlo se me ocurrió otro cuento que pasaba en un departamento vecino, y así se fue armando. La regla apareció sola.
H: ¿Y por qué trece?
JM: Porque tenía trece. No hay una razón simbólica. Tengo ideas para más cuentos con las mismas reglas; podrían ser quince o veinte. De hecho, casi todas las ideas nuevas que se me ocurren empiezan a entrar en ese universo.
H: ¿Cuántas palabras tiene hoy el libro?
JM: Unas veintiséis mil.
H: Perfecto.
JM: Hay una particularidad. Uno de los cuentos es bastante más largo porque lo presenté a un concurso que pedía otra extensión. Lo fui alargando para cumplir con las bases y finalmente me gustó cómo quedó. El concurso se decide en noviembre.
H: Hay tiempo. Si gana o no gana, en noviembre podés decidir qué hacer con ese cuento. Lo importante es que ahora entramos al proceso editorial.
JM: ¿Los talleres son semanales y con horario fijo?
H: Los talleres sí, una vez por semana. Después las reuniones con tu editor las organizan entre ustedes: teléfono, videollamada, mail, como les resulte mejor.
JM: Perfecto.
H: Juan Manuel, te mando un abrazo. Encantado de conocerte y empezamos a trabajar.
JM: Igualmente. Mucho gusto.