HERNÁN CASCIARI: Javier, ¿dónde estás? ¿En qué parte del mundo te encuentro?
JAVIER MARÍA DRAGO: En La Plata.
H: ¿Sos platense de nacimiento?
J: Platense. Platense full.
H: ¿Pincha o no?
J: No.
H: Ah, entonces somos amigos. Pregunté con miedo.
J: Sí, con miedo. No soy muy fan de ese lado. Somos amigos de la gente de Gimnasia.
H: Sí, sí, estamos todo bien. Escuchame, ¿qué hacés de tu vida? Contame un poco.
J: Laburo en sistemas en un laboratorio acá, uno de los más importantes de la región.
H: ¿Qué estudiaste después del secundario? ¿Estudiaste algo?
J: Estudié Ingeniería Civil. Me iba bien, pero después estudié Historia durante bastante tiempo. Después empecé a laburar como secretario en el laboratorio, me fui metiendo y terminé en sistemas. Ahora soy el soporte del sistema de las tres sedes.
H: Y en medio de todo eso escribías.
J: Y en medio de todo eso, full literatura.
H: ¿Te gusta mucho desde siempre?
J: Sí, desde siempre. Últimamente lo muestro un poco más.
H: ¿Eras muy de escribir y guardar al principio? ¿Escribías sin mostrar nada?
J: Sí. En realidad tengo unos amigos, un grupo literario, pero también es muy endogámico, muy cerradito. Somos seis o siete amigos que estamos ahí todo el tiempo delirando. Semana a semana nos juntamos, discutimos y nos mostramos los textos que hacemos. Algunos tienen cosas publicadas, pero yo siempre estoy ahí frenándome. Me apareció en las redes una publicación tuya y dije: «A ver esto».
H: ¿Va a ser la primera vez que publiques un libro con tu nombre?
J: Primera. Publicamos una antología de cuentos con el grupo literario y había ahí un cuento mío, pero después nunca publiqué nada. Tengo un libro de cuentos terminado y un libro de poesías terminado.
H: ¿El proyecto que tenés terminado es «Trece extraños» o es otro?
J: «Trece extraños». Lo tengo terminado.
H: ¿Esos cuentos los escribiste a lo largo de tu vida o en el último año y medio, ponele?
J: No, de los últimos diez años para acá. Del último año también hay cosas, pero hay cuentos viejos, corregidísimos, que siempre estoy recorrigiendo como un tarado.
H: No, para eso es la publicación. La publicación es para dejar de manosear. Ya está el libro. Si después de publicar querés seguir manoseando, vas a tener que hacer un segundo libro, pero el primero ya está. Esa es también la idea de que tengas un editor, que te lleve por un lugar profesional hasta el punto de llegada.
J: «Trece extraños» es lo que más tengo corregido. Lo quería publicar. No llega a las veintidós mil palabras. Tengo una versión extendida, con más microrelatos y cuentitos, que llega a veinticuatro mil, pero son como veinte cuentos. No sé cómo se maneja eso.
H: ¿De cuánto te gustaría que fuera el libro?
J: No sé, lo que sea. Yo «Trece extraños» lo tengo cerrado, pero son dieciocho mil palabras. Tengo una versión extendida que también está bien, pero tiene veinticuatro mil.
H: Sí, pero no le pongas cosas porque sí.
J: Claro, ese es mi tema.
H: No le pongas cosas porque sí. Vos tenés en este momento un libro cerradito en dieciocho mil. En octubre y noviembre vas a tener dos meses para trabajar sobre esos textos. Vas a tener un editor que te va a acompañar y sugerir. Posiblemente haya escenas de algunos cuentos que puedan crecer.
J: Sí, claro.
H: Pero también puede pasar que en medio del proceso se te ocurra un cuento de la tónica de estos. Se llama «Trece extraños» porque son trece cuentos.
J: Sí.
H: ¿Vos querés que sigan siendo trece cuentos?
J: Sí, el número puede cambiar, pero me gustaba mantenerlo en trece cuentos.
H: Hacé un lindo prólogo hablando del libro, de cómo te costó escribirlo, de qué se trata cada cuento, y ahí llegás a las veinte mil. Con que llegue a veinte mil estamos bárbaros. Tenés muchas opciones y las vas a hablar en su momento con el editor o la editora. Lo que no me gustaría es que le metas relleno al pedo.
J: No, no. Estamos de acuerdo.
H: Nosotros tenemos sí o sí un mínimo de ciento sesenta páginas. Eso es entre veinte y veinticinco mil palabras, por ahí. Menos que eso, el lomo del libro ya parece un folleto del Coto. Además, ni siquiera podés ponerle ciento cincuenta y cuatro porque los encuadernados van de a dieciséis. Si baja de ciento sesenta, tiene que bajar a ciento cuarenta y pico y ya es muy chiquito. Tratemos de llegar a veinte mil sin que eso signifique meter relleno.
J: Perfecto. Te quería preguntar algo: esto sale sí o sí, digamos. ¿Ya no hay vuelta atrás?
H: La única vuelta atrás es que te arrepientas vos.
J: Listo. Entonces sale.
H: No es que después nosotros podamos decir «no nos gusta, lo rechazamos». Ese proceso ya lo hiciste. Mandaste un fragmento, lo vieron dos editores, los dos lo evaluaron positivamente y te mandamos un mail diciendo que estabas aceptado. Esa parte ya está. Ahora lo que viene es laburar para que sea el mejor libro posible.
J: Perfecto.
H: Para eso tenemos estos dos meses de edición. A finales de noviembre soltás el libro. Pasa a corrección durante quince días, pero ya no conceptualmente: sintaxis, gramática, cursivas, comillas. Después hay otros quince días de maquetación y diseño, del 15 de diciembre a fin de año. Entre Navidad y Año Nuevo recibís un PDF con las pruebas de galera: el libro entero, portada, contraportada, interior, prólogo, índice, agradecimientos, dedicatoria. Lo revisás por última vez antes de que entre a imprenta. Tenés cuarenta y ocho horas. Si todo está bien, entra a imprenta el 2 de enero y debería estar en la calle en los últimos días de enero.
J: Bien. Escuchame, ¿el link que está para preventas lo puedo compartir?
H: Ya deberías.
J: Listo. Me daba cosa, estaba esperando esto. Muy nervioso.
H: Se te alivianan completamente los pagos que tenés que hacer vos. Dentro de estos meses tenés que haber vendido por lo menos siete libros por mes. Si pasás ese número y llegás al libro veintinueve, desde ahí en adelante ya tenés el cincuenta por ciento de regalías para vos. La página no te frena.
J: ¿Y yo como autor sé quién compra los libros?
H: Todo. Sabés todo. Estoy tratando de hacer todo lo contrario de lo que hace una editorial. No te dicen, te cagan, te exclusivizan, no te dejan irte a otro lado. Yo hago todo lo contrario. Es una especie de venganza por lo que me hicieron a mí.
J: Sí, te conozco. Te puedo hacer un print de pantalla para guardar un recorte.
H: Dale, claro. Igual vamos a tener mil instancias.
J: Sí, no importa. Estoy flasheando yo.
H: Bueno, ¿tenés alguna duda sobre el proceso? Esto es más que nada una reunión de bienvenida.
J: Sí. Estaba esperando a ver qué era. No sabía si ibas a ser vos. Se lo conté a poca gente, a un amigo y a un par de amigas. Decía: «No sé si va a ser él o no, no tengo idea».
H: ¿Pensabas que podía ser alguien que se hacía pasar por mí?
J: No, capaz algún editor, alguien que trabaja con vos. Antes de pagar la primera vez dije: «Che, esto no será...». Fui a la página oficial y hasta se lo tiré a ChatGPT para ver si era legal. Iba a poner doscientas lucas y pensé: «Bueno, de última me cagaron doscientas lucas».
H: Espectacular. Bueno, vamos a empezar a laburar. Yo te mando en una semana un mail con todo el cronograma de octubre y noviembre. Lo primero que va a pasar es otra reunión conmigo, que en realidad no va a ser solamente con vos sino con todos los autores que publican en enero. Durante ocho semanas, los ocho martes de octubre y noviembre, van a tener una charla conmigo. Además de tener un editor, van a tener un grupo de lectores en el momento justo antes de entrar a imprenta, por si hay que hacer algún cambio en un cuento o lo que sea. Ya les voy a contar bien cuando llegue el momento.
J: Un lujo. La verdad, gracias.
H: Nos vemos.