HERNÁN CASCIARI: Hola, Seba. ¿Cómo estás? ¿Dónde estás?
SEBASTIAN NORBEDO: Estoy en Marcos Paz.
H: ¿Naciste ahí?
S: Sí. Viví unos cuantos años en Capital, estudiando y trabajando. Después anduve un poco de viaje y volví en la pandemia.
H: ¿Qué estudiaste?
S: Psicología. Soy psicólogo y ejerzo.
H: ¿Y con la escritura desde cuándo tenés relación?
S: Siempre fui bastante contador de historias, primero en la cabeza, en mundos imaginarios, y después escribiendo. Formalmente habré arrancado por 2003, en mis primeros años en Capital. Tuve una profesora, Adriana, muy amorosa, que me enseñó a estructurar. Yo quería escribir una novela y ella me bajó a tierra: arrancamos con cuentos.
H: ¿«La gravedad del mundo» es tu primera novela?
S: No. Tengo anteriores. Hay una autopublicada, «Bajo siete llaves», que terminó siendo una mala experiencia. La había presentado a un concurso español. No lo gané, pero después me ofrecieron publicarla si yo pagaba los primeros cincuenta ejemplares. Como era en España, no pude hacer demasiado con eso. «La gravedad del mundo» la empecé hace bastante; debe ser la segunda o tercera novela que escribí. La terminé de pulir hace poco.
H: El protagonista, Franco, comparte algunas cosas con vos.
S: Sí, es una especie de alter ego. Yo siempre fui deportista y quería hacer psicología deportiva, pero mis primeros cinco años de profesión fueron de consultorio duro, de formación clínica. Para mi espíritu de aire libre y deporte era pesado. Parte de los conflictos internos de Franco nacen de ese momento: la profesión me estaba sofocando, aunque era una etapa que tenía que transitar.
H: Y además la novela tiene un mundo de superhéroes.
S: Sí. Yo la escribía pensando en Batman, Superman y todo ese universo. Después tuve que hacer el trabajo de transformar eso en personajes propios para no depender de personajes con copyright.
H: ¿Cuántas palabras tiene hoy?
S: Unas sesenta y cuatro mil, contadas desde el archivo de Word.
H: Eso ya es un libro bastante más caro que uno de veinte o veinticinco mil palabras. No solo por imprenta, también por corrección, papel y todo el proceso. ¿Sentís que la novela necesita esa extensión?
S: Me da la sensación de que no tiene demasiado para podar, aunque estoy abierto a que aparezcan sugerencias durante la edición.
H: Está bien. Te lo pregunto porque hay una decisión que es del autor. Una cosa es decir «editame, sugerime escenas, ritmo o estructura» y otra es decir «quiero que la novela quede mucho más corta». Si vos sentís que necesita este tamaño, trabajaremos sobre ese tamaño. Solo quiero que sepas que el precio final va a ser más alto y que también serán más caros los primeros veintiocho ejemplares.
S: Sí, no hay problema. Si en el proceso aparece algo que está para sacar, lo voy a escuchar.
H: Perfecto. Entonces te cuento el recorrido. Octubre y noviembre son los dos meses de edición. Vas a tener un editor asignado que lee la novela completa y te sugiere cosas: mover una escena, revisar un final de capítulo, sacar algo que sobra, agregar información donde falta. Nada es obligatorio; son sugerencias.
S: Bien.
H: Al mismo tiempo, los martes a las siete de la tarde doy ocho clases para todos los autores de esta colección. Vamos a hablar de progresión, personajes secundarios, deseo del protagonista, ritmo, escenas, finales. Es como llevar la novela al taller mecánico antes de salir a la ruta: revisar que todas las tuercas estén ajustadas.
S: Perfecto.
H: El 30 de noviembre hay que soltar el manuscrito. Pasa a corrección ortotipográfica y gramatical durante unos quince días. Después entra en maquetación: interior, portada, contratapa, índice, prólogo, dedicatoria, agradecimientos. Entre Navidad y Año Nuevo recibís las pruebas de galera, que es el PDF final. Tenés unas cuarenta y ocho horas para revisar errores, lo aprobás y entra a imprenta el 2 de enero.
S: ¿Y cuántos libros se imprimen?
H: Depende de la preventa. Los primeros veintiocho financian el proceso. Después seguís vendiendo y desde el veintinueve cobrás el cincuenta por ciento de regalías. Si hubo muchas ventas, imprimimos más; si hubo pocas, hacemos una tirada más chica para tener stock. El libro no queda agotado porque reimprimimos cuando hace falta.
S: Bien.
H: Otra cosa: yo no leo todas las obras completas antes de aceptarlas. Tenemos editores que leen la muestra y me mandan un informe con dos cosas: por qué aceptarían el proyecto y qué riesgos ven. Después, en octubre, el editor asignado sí entra al libro entero.
S: Me parece perfecto. La gente que leyó la novela y me quiere obviamente me dice que está buenísima, pero necesito una mirada profesional.
H: Para eso es esta etapa. La semana que viene te llega el cronograma completo y arrancamos.
S: Buenísimo. Tengo muchos borradores y manuscritos, así que ojalá este sea el comienzo.
H: Ojalá. Bienvenido, Seba.