HERNÁN CASCIARI: Muy buenas, Ronnie. ¿Cómo va eso?
RONALDO QUINN: Muy bien. Qué honor.
H: ¿En qué parte del mundo te encuentro?
R: En Beccar, Buenos Aires. Soy descendiente de irlandeses. Mi mamá era de familia de Belfast, protestante, y yo fui a un colegio inglés. Mi abuelo después compró en Arrecifes.
H: Contame un poco de «El raro privilegio».
R: Yo era conscripto. El 3 de abril nos enteramos de que estábamos en guerra con Inglaterra y para mí había además una paradoja familiar por todo ese origen irlandés e inglés. El libro sale de mis vivencias y de algo que me dijo un psicólogo: que tenía que darles un final a mis historias porque, si no, se iban a perder.
H: ¿Intentaste escribirlas con tus compañeros?
R: Sí. Les propuse hacerlo en grupo y nadie escribió nada. Entonces mi revancha fue escribir una novela con esas historias.
H: Y ya tuvo una publicación anterior.
R: Sí. La autopubliqué con Dunken, alrededor de 2012. Mis amigos la leyeron mucho y algunos ya volvieron a comprar esta nueva edición.
H: También tenés una comunidad alrededor del club.
R: Sí. Jugamos rugby en Hurling, el club de los irlandeses. Ahí me dejaron presentar el libro anterior con mis compañeros y fue muy emocionante.
H: ¿Querés conservar la novela tal como estaba o trabajarla de nuevo?
R: Quiero modificarla bastante. La primera vez había metido demasiada gente porque mis amigos iban leyendo y alguno me reclamaba que no aparecía. Ahora quiero hacer lo contrario: sacar personajes y ordenar la trama.
H: ¿De dónde parte la historia?
R: De un hecho real: muere un amigo nuestro, árabe, y su hermana nos pide que lo entierren en Libia. En la novela transformé eso y lo convertí en un asesinato ligado a una trama de armas. A partir de ahí ficcioné mucho.
H: ¿Qué te interesa conservar de tu experiencia real?
R: El humor, porque nosotros sobrevivimos a muchas cosas gracias al humor. Y también una mirada menos cómoda. No me interesa decir que todos fuimos héroes ni tampoco que fuimos solamente víctimas. Hay muchas zonas grises.
H: También querés mostrar la corrupción dentro del Ejército.
R: Sí. Hay cosas que viví: cuando volvimos nos hicieron devolver camperas que después querían cobrar, oficiales inútiles, situaciones absurdas. Quiero que eso esté. Los militares hicieron muchas cosas muy mal, pero al mismo tiempo la experiencia no es solamente blanco o negro.
H: Vos lo explicaste con una analogía de rugby.
R: Sí. No estábamos preparados. Era como mandar a un club de segunda contra los All Blacks. No había comparación posible. Pero yo fui a pelear contento. Por eso el libro se llama «El raro privilegio».
H: Entonces el trabajo editorial va a estar en ajustar esa versión anterior hasta que encuentres el libro que querés publicar hoy. Durante octubre y noviembre vas a trabajar con un editor; después pasa a corrección, maquetación e imprenta.
R: Buenísimo.
H: Esta charla era para conocerte, entender de dónde viene el libro y dejar claro qué vamos a trabajar. Me alegra mucho que vuelva a existir con una revisión de fondo.
R: A mí también. Soy muy fanático tuyo y tenía muchas ganas de hacer esto.
H: El placer es mío. Arrancamos en octubre.
R: Perfecto.