HERNÁN CASCIARI: Paola, ¿dónde estás? ¿En qué parte del mundo te encuentro en este momento?
PAOLA GÓMEZ: Estoy viviendo en Plottier, Neuquén.
H: ¿Y naciste ahí?
P: No, nací en Sarmiento, provincia de Chubut. Te hago el recorrido rápido: a los diecisiete me fui a estudiar Comunicación Social a La Plata. Duré tres años, breakdown emocional, me fui a vivir a Puerto Madryn. Viví tres años ahí, después me fui a Buenos Aires. Volví embarazada a Rada Tilly, viví dos años ahí, tres años en Comodoro trabajando en Recursos Humanos, negociando con las petroleras y los sindicatos. Después me fui a Cañadón Seco, un pueblo petrolero de seiscientos habitantes, y más tarde tres años a Posadas, Misiones.
H: Pensé que era todo Patagonia, pero te me fuiste al Litoral.
P: Y después volvimos a Neuquén. Viví ahí hasta 2020 y ese año nos mudamos a Plottier, donde construimos nuestra casa.
H: Me hablaste de un montón de actividades, pero ¿cuál es tu profesión hoy?
P: Después de haber hecho un montón de cosas, soy dermatocosmiatra. Nada que ver. Tengo background en abogacía, psicología, relaciones institucionales, laborales, decoración de interiores, jardinería. He hecho absolutamente de todo y me encanta.
H: Y escritura también. ¿Escribís desde siempre?
P: Desde los ocho años. Siempre escribí muy suelto: poesía, cuentos, de todo un poco. Es esa cosa de buscar adentro, como lo que estamos haciendo ahora en el taller.
H: Estás también en el taller de los sábados, «Construir una obra».
P: Sí. Rasqueteás por adentro, encontrás y se hace un desastre. Yo siempre escribo desde ahí.
H: ¿Y «Dharma» cuándo apareció?
P: Durante la pandemia. Cuando empezaron los mundiales de escritura me perdí el primero y me anoté en el segundo. Yo creía que me moría: tenía neumonía y un montón de cosas. Dije: «Bueno, la quedo acá, quiero dejar algo escrito». En uno de los ejercicios escribí el testamento; en otro, una carta de despedida. Fue terrible. Venía de la depresión de los cuarenta, me había pegado todo mal.
H: Bastante dark.
P: Totalmente. Y en un momento dije basta. Mi hija hacía gimnasia artística y en ese momento Martina Dominici era una gran gimnasta argentina, venía ganando y de repente le hacen un doping. Ella juraba que no había tomado nada y a mí esa historia me pegó muy fuerte. De ahí salió el espíritu de venganza de Martina Radabequi, la protagonista de mi historia, que se convierte en asesina después de que le pasa algo parecido.
H: ¿Qué le pasa?
P: Ella va al Mundial de Japón, gana la medalla de oro y después, entrenando en Argentina, se revienta la rodilla. En lugar de ayudarla, la dejan tirada porque sale más caro repararla que seguir con ella. Y ahí pega la pandemia. Martina está deprimida en su casa cuando la llaman y le ofrecen reconstruirla físicamente, pero a cambio tiene que unirse a un equipo que le va a pedir determinadas cosas. Sus padres van a quedar cuidados, pero ella desaparece del sistema.
H: Ahí empieza la historia.
P: Sí. En realidad el primer capítulo es con Javier, que había sido compañero de ella y era más grande. Después viene una segunda pandemia y ocurre todo lo que se supone que va a pasar en 2030.
H: O sea que estamos en un escenario postapocalíptico, bien distópico.
P: Hay un régimen mundial. Los gobiernos democráticos cayeron. Gobiernan los narcos, los que tienen la plata, los que manejan todo. Los que siempre gobernaron desde la oscuridad, pero ahora ya no tienen nada que perder.
H: Y se forma una resistencia.
P: Sí. Con gente que no se inoculó y otra que sabía que todo era una trampa. Ahí aparece el Turco, que es un personaje que viene de fuerzas especiales, cruza fronteras, se mueve en ese mundo. Muchas de esas cosas las armé con lo que aprendí cuando viví en Misiones y conocí gente de Encarnación, todo lo que pasa en la frontera y las historias de contrabando.
H: Me estás hablando de un universo bastante grande.
P: Porque ya están armados los tres libros.
H: ¿«Dharma» es el primero?
P: Sí.
H: ¿Y ya tenés pensados los otros dos?
P: Sí. Ya están armados los tres.
H: O sea que tenemos una saga. Eso no lo sabía y es importantísimo.
P: Están todos los personajes nucleados y todo termina en el último.
H: Volvamos al primero. ¿En qué estado está «Dharma»?
P: Tengo casi todas las partes explosivas y casi todas las uniones. Lo que me falta es alguien que me diga: «No, Paola, eso cortalo. No, Paola, eso es un montón».
H: Es exactamente lo que venimos a ofrecerte.
P: Yo necesito un editor. Necesito alguien que me pegue con el látigo y me diga: «Eso no. Eso es una mierda».
H: ¿Cuántas palabras tiene hoy el libro?
P: No sé, debe tener treinta mil.
H: Perfecto. Después te voy a mandar un mail para que te comprometas con un rango de extensión, probablemente entre veinticinco y treinta y cinco mil, porque cuanto más páginas tiene el libro, más caro se vuelve. Pero lo importante ahora es que durante octubre y noviembre vas a tener eso que necesitás: un editor o editora que te siga a sol y sombra. A finales de noviembre soltás el libro y pasa a corrección.
P: Ese debe ser un momento duro.
H: Muy duro para el escritor. Del 1 al 15 de diciembre se corrige; del 15 hasta fin de año pasa a maquetación. Entre Navidad y Año Nuevo recibís las pruebas de galera.
P: ¿Qué son las pruebas de galera? No sé nada de esto.
H: Es un PDF con el libro diseñado completamente igual a como se lo vamos a dar a la imprenta: tapa, contratapa, interior, prólogo, agradecimientos, índice, dedicatoria, todo. Tenés dos días para mirarlo bien y asegurarte de que no haya errores. Es la última instancia antes de imprenta. Firmás la conformidad y el libro entra a imprenta el 2 de enero. Está unos quince días hábiles y a finales de enero está en la calle.
P: Me muero.
H: Ese es el caminito ideal. Esta primera charla es más que nada una bienvenida para conocerte y saber cosas que no sabíamos. Por ejemplo, que «Dharma» es el primer libro de una saga de tres. Ahora ya lo sé y podemos pensar una estética común para los tres.
P: Claro.
H: La semana que viene te llega un mail con todo el cronograma de tareas. Si tenés alguna duda práctica, este es el momento.
P: No. Yo me dejo guiar. Soy una lectora voraz y una escritora amateur.
H: Una escritora que está empezando a profesionalizarse. Este camino te va a dar herramientas también para los próximos libros.
P: Perfecto.
H: Te mando un beso, Pao.
P: Una cosa nada más: enamorada de «La valija de Messi». De ahí te conocí.
H: Qué bueno. Me alegro mucho. Hablamos pronto.
P: Cambio y fuera.