HERNÁN CASCIARI: Qué maravilla. ¿Cómo estás?
FERMÍN RANDON SALGADO: Muy bien. La verdad, no creí que esta reunión iba a ser directamente con vos.
H: La bienvenida te la doy yo. Antes de hablar del libro, contame un poco de vos.
F: Nací en la isla de Tierra del Fuego y vivo en Río Grande. Soy abogado, escribano, tengo varios posgrados y trabajo como secretario en el juzgado federal de la ciudad. También soy profesor de Filosofía del Derecho. Y soy un mal intento de licenciado en Filosofía porque nunca termino la carrera.
H: ¿Cómo aparece la escritura de este libro?
F: Viviendo tan lejos de los centros universitarios y culturales uno siente que está apartado de donde se produce el conocimiento. Acá las referencias cercanas son pocas. Yo soy titular de cátedra con cuarenta y tres años, por ejemplo. En un grupo de estudio coordinado por Roberto Gargarella surgió un congreso y llevé esta idea como ponencia.
H: ¿Y qué pasó con esa ponencia?
F: En el congreso de Mendoza una colega me dijo que estaba buena para sacarla afuera, para llevarla a un público más amplio. Gargarella publicó una versión más académica en su revista, pero lo que les mandé a ustedes es otra cosa: una invitación a hablar del tema con cualquiera.
H: ¿Cuánto creés que tenés terminado?
F: Cerca de un ochenta por ciento. Ando por las veintiocho o veintinueve mil palabras. Me iba pasando que siempre encontraba una idea más para agregar, pero ya estoy pensando en cerrar. Lo que quede puede convertirse en otra cosa después.
H: Nunca escribiste un libro. ¿Qué esperás de trabajar con un editor?
F: Siempre escribí artículos y casi siempre solo. Me entusiasma mucho escribir con otro, pero no quiero un director de tesis que me lleve por el camino que él cree correcto. Me interesa alguien que interprete lo que ya tengo y me ayude a encontrar la mejor forma.
H: ¿Querés conservar un tono académico?
F: No. La academia me gusta para algunas cosas, pero yo quiero hablar de derecho con todo el mundo. Me interesa que una persona que no es abogada pueda entrar a la discusión y entenderla sin que por eso pierda profundidad.
H: El corazón del libro es qué pasa cuando la inteligencia artificial entra en el acto de juzgar.
F: Sí. Juzgar a otra persona es un acto muy singular. Dos situaciones parecidas pueden necesitar respuestas distintas porque hay humanidad ahí. La inteligencia artificial puede volver todo más eficiente, pero también puede estandarizar. Y además aparece una pregunta que para mí es central: cuando una empresa te vende una solución para decidir mejor, ¿quién está juzgando realmente? Detrás hay una corporación y una idea de mundo que nadie debatió con nosotros.
H: Y de ahí también aparece «Nuestro amo juega al esclavo».
F: Sí. Soy fanático de Los Redondos y esa frase me interpeló desde el principio. Me parecía una buena puerta de entrada para hablar de poder, tecnología y de quién toma las decisiones.
H: Entonces voy a buscarte un editor que te lleve hacia un lenguaje completamente coloquial, pero sin volver superficial lo que querés plantear.
F: Ese es exactamente el lugar al que quiero ir.
H: Octubre y noviembre serán para cerrar y editar. En diciembre pasa a corrección y maquetación; después pruebas de galera, imprenta y publicación. Y cuando el libro esté listo me parece que tiene muchísimo recorrido para entrevistas y debate público.
F: Me entusiasma muchísimo. Mi compromiso es total, así que vamos para adelante.
H: Vamos para adelante, Fermín. Un abrazo.
F: Gracias por tu tiempo. Un abrazo.