HERNÁN CASCIARI: Me decías que naciste en Mendoza.
MAXIMILIANO RODRIGUEZ: Sí, nací en Mendoza y vivo acá. Trabajo en televisión, en la parte técnica. Soy grafista de noticiero y escribo los zócalos.
H: ¿Y la escritura desde cuándo está?
M: Desde los seis años. Mostraba lo que hacía en mi familia y hay registros de una revista de la primaria donde salen textos míos.
H: ¿Cuándo te animaste a mostrar algo afuera de ese círculo?
M: En la adolescencia. Había un programa de radio acá que hacía radioteatros y yo era fanático. A los quince años me acerqué con mis propios radioteatros. Ahí sentí que por primera vez estaba mostrando algo al mundo.
H: Y después seguiste buscando distintos caminos.
M: Sí. Estudié Letras, después cine y por el cine terminé entrando a trabajar en televisión. Hace más de diez años que trabajo como técnico, pero la escritura estuvo siempre. Fui cambiando los formatos; la pulsión era contar.
H: «Un ejercicio de despedida» es tu primera novela.
M: Sí. Ya tengo publicado un libro de cuentos que, en el fondo, tenía algo de novela encubierta porque los personajes estaban relacionados. Pero oficialmente esta es mi primera novela.
H: ¿Cuándo empezó a aparecer?
M: A fines de 2023 o principios de 2024, estando de vacaciones en Necochea. Primero apareció la historia. Después entendí que la forma tenía que ser epistolar.
H: ¿Qué te dio esa estructura de cartas?
M: Me permite contar diferentes versiones de una misma historia y que los personajes sean muy sinceros. Son cartas que escriben para tirar al fuego, como una confesión dentro de un ritual.
H: Y también te obliga a diferenciar mucho las voces.
M: Exacto. Me interesa jugar con entonaciones y vocabularios distintos. Incluso hay voces de chicos, y ahí habrá que decidir hasta dónde corregir y hasta dónde dejar que la voz conserve su forma.
H: Eso va a ser un trabajo muy bueno con tu editor. La idea es que no confundamos una voz verosímil con llenar el texto de errores. ¿En qué extensión está hoy?
M: Tengo unas ochenta y cinco páginas. No sé exactamente cuántas palabras, pero debe andar cerca de las veinte mil.
H: Bien. El piso para que funcione como novela está en veinte mil palabras. Durante octubre y noviembre vas a trabajar mano a mano con un editor para revisar estructura, voces, escenas y todo lo que haga falta. A fines de noviembre se cierra la edición; en diciembre pasa a corrección y maquetación, y a comienzos de enero entra a imprenta.
M: Perfecto.
H: La semana que viene te llega el cronograma completo. Ahí empezamos de verdad.
M: Buenísimo.