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DANIEL ALEGRE / TODO NO SE COMPRA

«A los catorce volví a Barracas y me reencontré con mi arrabal íntimo»

Daniel Alegre trabaja en un banco, estudió música y encontró refugio en Borges cuando era adolescente. En «Todo no se compra» convierte una vida atravesada por el desarraigo y el regreso a Barracas en una novela sobre la diferencia entre precio y valor, y sobre cuánto cuesta realmente vivir tranquilo.

PRIMERA CONVERSACIÓN · 24 de septiembre de 2026 · 17:20

HERNÁN CASCIARI: Muy buenas, Daniel. ¿Dónde estás?

DANIEL ALEGRE: Estoy en el trabajo, por Colegiales, Chacarita, Villa Urquiza. Trabajo en la parte de cajas de un banco.

H: ¿Estudiaste algo relacionado con eso?

D: No. Estudié Recursos Humanos un año y medio y después música con profesores particulares. Mi relación con el arte viene de otro lado. A los catorce años estaba bastante solo y encontré refugio en la música y en la literatura. Llegué de casualidad a un libro sobre la obra poética de Borges y me atravesó el corazón para siempre.

H: ¿Qué tenía ese libro?

D: Era un libro de Kapelusz que le habían dado a un primo mío en la secundaria. Todavía lo conservo, todo hecho pelota. Tenía una introducción al autor, a sus temas recurrentes y después iba poema por poema. Para mí fue una puerta de entrada porque me daba contexto.

H: ¿Y qué te pegó particularmente de Borges?

D: Yo crecí en Barracas, al límite con La Boca. A los ocho años quedé huérfano y tuve que irme a vivir con unos tíos a Isidro Casanova. A los catorce, casi quince, me tuve que escapar de ahí porque gente de la villa me quería matar; me corrieron con armas. Volví a Barracas, a la casa de mis padres, donde vivía uno de mis hermanos con su padrino, y pedí socorro. Volver a encontrarme con mi arrabal íntimo, con el bar del gallego en la esquina, el almacén, la calle de adoquines, fue muy fuerte. Todo ese desarraigo se vinculó para mí con la nostalgia de ese Buenos Aires que encontraba en Borges.

H: ¿«Todo no se compra» tiene que ver con esa historia?

D: Tiene algo de influencia. Hay una parte que habla de una zona particular: el Borda, el Moyano, el Muñiz, el Parque Ameghino, que antes fue el Cementerio del Sur y antes todavía tuvo otra historia. Todo eso aparece dentro de un contexto histórico. Pero la novela hace un planteo sobre la diferencia entre valor y precio.

H: ¿Cómo aparece esa diferencia?

D: El protagonista tiene dos trabajos para subsistir. Hay otro personaje, un pibe muy humilde de la Villa 31, que es papá y quiere salir de la villa porque no quiere que su hija crezca en el mismo contexto que él. Los dos buscan superarse y, en esa desesperación, empiezan a meterse en quilombos y a descuidar otras cosas: la familia, el tiempo, cuánto vale dormir tranquilo. Esa es un poco la pregunta que deja el libro. Por eso se llama «Todo no se compra». También aparecen personajes con muchísimo dinero que viven una vida bastante ficticia, rodeados de gente que les dice que sí a todo.

H: ¿La novela está terminada?

D: Sí. La terminé hace un año. Se la mandé a una amiga periodista y la hice leer por dos o tres personas más. Yo la siento totalmente terminada.

H: ¿Cuántas palabras tiene?

D: Unas treinta mil.

H: Perfecto. Ese número puede bajar o subir un poco durante la edición, pero estás en un rango muy bueno. En octubre y noviembre vas a trabajar con un editor o editora que va a leer la novela capítulo por capítulo y sugerirte cosas. No te va a obligar a nada, pero sí va a poner el texto arriba de la mesa durante dos meses. Al mismo tiempo tenemos el taller de publicación con todos los autores de la camada.

D: Bien. ¿Todo eso está cubierto dentro del proceso?

H: Sí. Lo único que tenés que hacer es sostener el esquema de los primeros veintiocho ejemplares, de a siete por mes. Esos ejemplares llegan a una única dirección, así que podés comprarlos vos o compartir el link con gente cercana a la que después puedas entregárselos. Desde el libro veintinueve ya cambia el sistema: hay envíos a cualquier parte y regalías para vos.

D: Perfecto.

H: Entonces está todo claro. La semana que viene te mando el cronograma formal de octubre y noviembre y empezamos.

D: Buenísimo, Hernán. Un placer.

H: Igualmente. Nos vemos.