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Prólogo de Hernán Casciari

Silvia Giménez escribió siempre, pero durante mucho tiempo escribió para otros planes

Sobre Ya vendrá quien me haga buena

PRÓLOGO · 27 de abril de 2026 · 20:33

Silvia Giménez escribió siempre, pero durante mucho tiempo escribió para otros planes. Fue la hija de una profesora de lengua, la menor de tres hermanos, la que hablaba raro para su edad, la que cumplía mandatos, la que estudió administración de empresas porque alguien tenía que hacerse cargo de lo que había que cuidar. Y cumplió.

Cumplió tanto que un día se encontró llegando a los cincuenta con una sensación bastante nítida: ahora me toca a mí. Ya vendrá quien me haga buena nace exactamente en ese momento. No como un capricho tardío, sino como una decisión largamente postergada. Silvia ya había publicado una novela, ya venía escribiendo, ya tenía decenas de cuentos en la computadora, pero este libro parece reunir algo más íntimo: una manera de mirar la vida con ironía, con ojo para el detalle mínimo y con una ternura que nunca se entrega del todo. Sus relatos tienen eso que tenía, según cuenta, la cara de su abuela Emma: un gesto apenas perceptible que ya lo dice todo. Hay humor, sí. Hay observación filosa. Hay familias, duelos, parejas, comidas compartidas, frases heredadas y mujeres que llegan a un punto en el que dejan de pedir permiso. Me gusta pensar que este libro no se llama así solo por uno de sus cuentos, sino porque resume una época de su autora: después de cumplir con todos, Silvia decidió, por fin, hacerse buena ella sola.