A Laura le costó años animarse a mostrar lo que escribía. Desde los doce guardaba textos, leía algunas páginas a su madre, participaba en concursos de poesía y seguía adelante sin hacer demasiado ruido. La decisión de publicar llegó más tarde, cuando las enfermedades familiares —y la propia sensación de no poder resolverlo todo— le cambiaron la perspectiva. Después de una internación larga de su madre entendió que había deseos que no convenía postergar. Entonces aparecieron estos cuentos, casi todos autobiográficos, escritos desde la necesidad de decir lo vivido sin disfrazarlo. Tal vez por eso importa tanto que su hijo Salvador, de diez años, haya querido dibujar una escena de uno de ellos: una abuela y su nieto. En ese gesto hay algo esencial del libro entero. Tres estaciones reúne historias íntimas, sí, pero también una certeza amplia: a veces escribir es la forma más concreta de animarse a vivir.
A Laura le costó años animarse a mostrar lo que escribía
Sobre Tres estaciones
PRÓLOGO · 22 de octubre de 2026 · 17:39