Después de leer los cuentos, una de las hijas de Alejandra imaginó un pájaro que escapa por una ventana rota y se lastima en la huida. La imagen quedó como posible portada, pero también sirve para pensar el movimiento más hondo de este libro. Alejandra escribe desde chica: primero para mostrarles algo a sus tías, después para guardar, callar o dejar en un cajón. Más tarde llegaron los años en que la escritura quedó relegada por la vida misma. Hasta que, hace apenas dos años, después de atravesar pérdidas y situaciones difíciles, entendió con una claridad nueva que escribir no era un pasatiempo ni una distracción, sino eso que había querido hacer siempre. De ese regreso nacen estos relatos: historias independientes, unidas por una misma pregunta sobre lo humano cuando todo se tensa. Personas comunes, enfrentadas a un límite, descubren de pronto que también son capaces de lo impensado allí.
Después de leer los cuentos, una de las hijas de Alejandra imaginó un pájaro que escapa por una ventana rota y se lastima en la huida
Sobre Trece pasos al abismo
PRÓLOGO · 22 de octubre de 2026 · 17:39