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Prólogo de Hernán Casciari

Nicolás Genovecio Lucía escribe sobre la infancia sin convertirla en museo

Sobre Tazos cubiertos de sal

PRÓLOGO · 19 de mayo de 2026 · 18:46

Nicolás Genovecio Lucía escribe sobre la infancia sin convertirla en un museo ni en una excusa para la melancolía fácil.

En Tazos cubiertos de sal los recuerdos aparecen vivos, todavía incómodos, todavía capaces de modificar algo en el presente. Mercedes, los juegos, los miedos mínimos, los amigos, las casas familiares y ciertas escenas domésticas funcionan menos como anécdotas autobiográficas que como piezas de una identidad que sigue armándose incluso mientras se narra. Hay en estos relatos una sensibilidad muy precisa para detectar esos momentos aparentemente insignificantes que terminan quedándose para siempre: una conversación, un olor, un verano, una humillación pequeña, un objeto perdido. Nicolás entiende algo importante: que la memoria no trabaja con jerarquías literarias y que muchas veces lo que más permanece no es lo extraordinario sino lo mínimo. Por eso sus cuentos avanzan con naturalidad, sin buscar grandes efectos, dejando que el lector entre de a poco en una intimidad reconocible. El resultado es un libro que encuentra belleza en lo cotidiano y que consigue algo muy difícil: hablar de la propia vida sin encerrarse en ella, permitiendo que cada lector complete los espacios vacíos con sus propios recuerdos.