Fernanda escribió por primera vez a los cincuenta y tres años. No venía de la literatura ni de una familia de creadores: había estudiado económicas, trabajado siempre entre finanzas y vivido como consumidora de música, teatro y libros. El desvío empezó cuando una sobrina de doce años, con quien compartía lecturas y viajes, le regaló un taller de narrativa. De ahí salió un cuento; después otro; más tarde cuatro mil palabras y, casi sin entender cómo, la decisión de hacer un libro. Lo interesante es que Fernanda no llegó a la escritura buscando una segunda profesión ni una identidad nueva. Llegó jugando. Con ideas breves, escenas familiares, humor y una disciplina, empezó a descubrir algo que hasta entonces no sabía de sí misma. Tal vez por eso estos relatos conservan esa energía inicial: la sorpresa de alguien que abrió una puerta tardía y encontró del otro lado una habitación llena.
Fernanda escribió por primera vez a los cincuenta y tres años
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PRÓLOGO · 22 de octubre de 2026 · 17:39