Franco se fue a Europa con una formación en cine, experiencia en producción y la costumbre de escribir pensando que la imagen resolvería lo que el papel apenas insinuaba. El cuento le cambió esa lógica. Le obligó a poner en palabras aquello que antes podía delegar en una escena, un gesto o un actor. En ese cambio apareció con nitidez el territorio que de verdad quería contar: los clubes de barrio, esa patria mínima donde conviven la épica, la lealtad, la traición, el chiste y la tristeza. En estos doce relatos, uno por cada mes del año, ese mundo funciona a veces como escenario y otras como protagonista. Allí también vive Sanguchito, héroe caído y traidor inolvidable, capaz de explicar por sí mismo la lógica sentimental de un pueblo entero. Franco no escribe desde la nostalgia vacía, sino desde la certeza de que ciertos lugares siguen organizando la memoria colectiva.
Franco se fue a Europa con una formación en cine, experiencia en producción y la costumbre de escribir pensando que la imagen resolvería lo que el papel apenas insinuaba
Sobre Si no fuera por Sanguchito
PRÓLOGO · 22 de octubre de 2026 · 17:39