Talleres Orsai
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Prólogo de Hernán Casciari

A Daniela Cademartori la empujaron dos cosas: la lectura y el hartazgo

Sobre Quimera

PRÓLOGO · 27 de abril de 2026 · 18:17

A Daniela Cademartori la empujaron dos cosas: la lectura y el hartazgo. La lectura llegó en la secundaria, cuando descubrió que la historia que le contaban en el colegio no era toda la historia, y empezó a meterse sola en libros sobre dictadura, memoria, política, Walsh, Cortázar, Benedetti, Neruda, Brasil, Latinoamérica y mujeres.

El hartazgo vino después, más íntimo, más hondo: el peso de cuidar a una madre con trastorno bipolar, una caída personal fuerte y la certeza de que, si había salido de ese pozo, no podía seguir postergando lo que de verdad quería hacer. Entonces escribió. O mejor dicho: dejó de esconder lo que ya escribía. En Tucumán, donde todo parece saberse demasiado rápido, venció la timidez y también el “qué dirán”. Y en esa decisión apareció Quimera, un libro que tiene algo de mapa personal y algo de declaración de principios. Hay ahí feminismo, dictadura, tucumanidad, pero también una zona más ingenua —en el mejor sentido— donde Daniela todavía se permite imaginar un mundo más humano. Sus cuentos vienen de talleres, de reescrituras, de experiencias, de heridas ideológicas y afectivas, de una mirada muy atenta a lo que duele y a lo que resiste. El resultado no es un manifiesto ni una autobiografía disfrazada: es otra cosa. Es una voz que encontró su modo. Y cuando una autora encuentra eso, aunque recién esté empezando, ya no hay vuelta atrás.