Daniel pasó buena parte de su vida mirando el mundo desde una cancha. Fue jugador de inferiores, estudió para director técnico a los veinte años y terminó trabajando durante años con juveniles y, más tarde, con fútbol femenino. La escritura apareció por otro carril, pero con una lógica parecida: observar, ordenar, decidir qué dejar adentro y qué sacar. En este libro reúne relatos que se mueven entre comienzos del siglo XX, comisarios temerosos, criminales, viajes, pueblos y paisajes que a veces rozan el western. Incluso el cuento que dio origen al título puede desaparecer sin que el espíritu del libro cambie. Tal vez porque ese título no nombra una historia puntual, sino un clima: personajes enfrentados al peligro, a la muerte y a aquello que los excede. Daniel escribe desde ahí, buscando que cada relato tenga su propio pulso, pero que juntos formen un territorio reconocible, áspero y profundamente humano.
Daniel pasó buena parte de su vida mirando el mundo desde una cancha
Sobre Quien no ha de morir jamás
PRÓLOGO · 22 de octubre de 2026 · 17:39