Ángela recuerda una infancia atravesada por una frase que se repetía como una alarma: no corras. Había nacido con una cardiopatía que tardaron cuatro años en diagnosticar, y cualquier esfuerzo podía dejarla sin aire, incluso violeta. El problema era que, al mismo tiempo, era una niña inquieta, movediza, con una energía que pedía exactamente lo contrario. Creció entre restricciones, cuidados excesivos, internaciones y adultos que intentaban protegerla sin saber del todo qué hacer con ella. Muchos años después, cuando buscaba entender una etapa difícil de su vida, apareció la escritura. No como vocación ni como proyecto literario: hasta entonces había escrito tesis, informes y consultorías. Empezó a poner en palabras su propia versión de la historia, preguntando, recordando, contrastando recuerdos con sus padres. Así descubrió que escribir también podía ser una forma de volver a esa niña y escuchar, por fin, todo lo que había quedado detrás de aquella prohibición.
Ángela recuerda una infancia atravesada por una frase que se repetía como una alarma: no corras
Sobre No corras
PRÓLOGO · 22 de octubre de 2026 · 17:38