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Prólogo de Hernán Casciari

Gabriel llegó a Jerusalén a los diecinueve años con una beca para estudiar en la Universidad Hebrea y terminó encontrando allí una educación que no figuraba en ningún programa

Sobre Mis días en Jerusalem

PRÓLOGO · 22 de octubre de 2026 · 17:39

Gabriel llegó a Jerusalén a los diecinueve años con una beca para estudiar en la Universidad Hebrea y terminó encontrando allí una educación que no figuraba en ningún programa. Se hizo geógrafo, administrador y, casi por accidente, guía. Durante siete años acompañó peregrinos cristianos, judíos y musulmanes, aprendiendo a mirar una ciudad que nunca permite permanecer neutral. Con el tiempo adquirió una costumbre extraña: mirar primero las manos de las personas y recién después los ojos, porque a veces las manos revelan aquello que la mirada oculta. Años más tarde, la escritura volvió a abrirse después de una pérdida familiar y aparecieron decenas de relatos. De ese caudal eligió diecinueve. No buscan explicar Jerusalén ni domesticarla, sino conservar la perplejidad de quien alguna vez vivió allí y todavía se pregunta qué hacía en medio de tanta historia, tanta fe, tanta violencia y tanta belleza juntas, sin encontrar jamás una respuesta.