Florencia entendió que viajar podía convertirse en escritura después de un viaje sola a Marruecos. Hasta entonces había querido escribir, pero no sabía bien qué. A partir de ahí empezó a registrar el extrañamiento: otros idiomas, otras reglas, otros modos de caminar, comer, mirar y estar. Más tarde llegaron Tailandia, Vietnam, Camboya, Sudáfrica, Barcelona y, finalmente, Tokio, donde incluso abrir una cerradura o entrar a un consultorio puede obligarla a aprender el mundo otra vez. Entre viaje y viaje aparecen también las conversaciones con su padre, que funcionan como una brújula torcida: advertencias, prejuicios, cuidados y ese momento en que él deja de cuestionar el destino porque ella ya no viaja sola. Florencia escribe desde esa tensión entre libertad y pertenencia, entre curiosidad y miedo. No busca explicar los lugares que visita, sino registrar qué le ocurre a una persona cuando cada desplazamiento le cambia también la forma de mirarse.
Florencia entendió que viajar podía convertirse en escritura después de un viaje sola a Marruecos
Sobre Mientras viajaba
PRÓLOGO · 22 de octubre de 2026 · 17:38