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Prólogo de Hernán Casciari

Antes de escribir cuentos, David Yaps componía canciones, esculpía y pintaba

Sobre Los que soñaban con trabajar

PRÓLOGO · 11 de marzo de 2026 · 22:00

Hay escritores que llegan a la literatura por un camino recto. Y hay otros que entran por una puerta lateral, después de haber probado muchas formas distintas de expresión. David Yaps pertenece a este segundo grupo.

Antes de escribir cuentos había hecho otras cosas: componía canciones, trabajaba con la escultura, pintaba. Todas esas prácticas tienen algo en común: la necesidad de transformar una experiencia personal en una forma visible y compartible. Las letras de canciones, al fin y al cabo, también son una manera de escribir. La narrativa apareció más tarde, cuando algunas experiencias de la vida empezaron a pedir otra clase de lenguaje. La escritura se volvió entonces una herramienta para entender lo vivido, una forma de ordenar ciertas preguntas que no siempre encuentran respuesta en el ritmo de una canción o en la forma de una escultura. En el medio ocurrió algo que suele modificar la mirada de cualquier persona: nació su hijo. Su primer libro, Historias del niño T.Rex, estuvo dedicado a él. Los que soñaban con trabajar continúa ese recorrido, pero lo lleva hacia otro territorio: el del mundo laboral contemporáneo, con sus promesas de eficiencia, su burocracia cotidiana y ese desgaste silencioso que muchas veces transforma el trabajo en una forma de alienación. Los textos de este libro observan ese universo con una mezcla de ironía y melancolía, y con una mirada precisa sobre lo que significa intentar conservar algo humano dentro de sistemas que no siempre están pensados para eso.