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Prólogo de Hernán Casciari

En estos relatos lo íntimo se vuelve inquietante sin abandonar nunca lo cotidiano

Sobre Los gatos en el ceibal

PRÓLOGO · 22 de julio de 2026 · 21:05

Los gatos en el ceibal explora aquello que en la infancia parecía desmesurado y que, con los años, no se achica sino que cambia de forma. Los cuentos de Bruno Bordonaba están atravesados por una memoria costera, por casas familiares, patios, objetos, animales, abuelas, silencios y presencias que ya no están, pero que siguen organizando el presente desde algún rincón.

No hay nostalgia decorativa en este libro: hay una mirada que vuelve para entender qué dejaron ciertas escenas y por qué algunas sombras persisten mucho después de haber salido de ellas. En este libro los gigantes no son solamente criaturas enormes; también son deseos, miedos, vínculos, decisiones y fantasmas domésticos que un chico no podía nombrar y que un adulto recién empieza a reconocer. En estos relatos lo íntimo se vuelve inquietante sin abandonar nunca lo cotidiano. Una fuente en el fondo de una casa, una habitación, un recuerdo de Necochea, una imagen familiar o un gesto mínimo pueden abrir una zona de suspense psicológico, como si debajo de lo conocido hubiera otra capa esperando ser leída. El libro avanza así, entre drama y extrañeza, con una prosa atenta a los detalles y a los climas. Cada cuento parece preguntarse cuánto de nuestra vida actual fue decidido por algo que pasó cuando todavía no teníamos herramientas para entenderlo. Los gatos en el ceibal habla de esas marcas: las que no hacen ruido, las que no desaparecen, las que siguen creciendo a nuestra espalda aunque creamos haberlas dejado atrás y todavía nos miran desde lejos, con paciencia quieta.