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Prólogo de Hernán Casciari

Un humor que muestra los conflictos desde su ángulo más incómodo

Sobre Lo saludé y no era

PRÓLOGO · 15 de septiembre de 2026 · 22:26

Alejandro llegó a España en 2003, a los treinta años, con un pasaporte italiano, un amigo que había hecho el viaje antes y con la ilusión de poder vivir de la literatura. Al principio vivió en Madrid, después en Barcelona y más tarde en distintos pueblos catalanes. Trabajó en joyerías, vendió café en la calle, repartió guías telefónicas y atravesó los empleos de quien acaba de llegar y todavía no termina de acomodarse.

Con los años empezó a coordinar talleres, acompañar novelas y cuentos ajenos, y hacer de la escritura no solo una práctica personal sino también un oficio. Algo de ese desplazamiento permanece en sus relatos. Sus personajes suelen moverse entre el equívoco y la revelación, entre lo que creen reconocer y aquello que se les escapa apenas intentan nombrarlo. El humor aparece muchas veces en esa distancia: alguien saluda a la persona equivocada, interpreta mal una señal, confía en una lógica que enseguida se desarma. No es un humor construido para aliviar los conflictos, sino para mostrarlos desde un ángulo más incómodo y más humano. Alejandro escribe desde la experiencia de quien cambió de país, de trabajos y de paisaje, pero también desde la mirada de alguien acostumbrado a leer textos ajenos y detectar dónde una historia empieza a torcerse. Sus cuentos aprovechan justamente ese instante: el momento en que lo cotidiano pierde estabilidad, una certeza resulta falsa y el personaje comprende que tal vez llevaba demasiado tiempo saludando a alguien que no era.