Verónica había querido contar su historia muchas veces, pero durante años sintió que todavía le faltaba algo. Tenía el deseo, tenía los recuerdos, tenía amigas que insistían en que escribiera, pero no encontraba la forma. Ese segundo núcleo apareció en 2020, cuando su marido estuvo internado, intubado y al borde de la muerte por COVID, en la misma época del año en que, veintisiete años antes, a ella la habían operado de epilepsia. Entonces la vida le devolvió aquello que él había hecho por ella cuando parecía imposible tener hijos y el futuro estaba en suspenso. Verónica entendió que una historia no avanza en línea recta, sino como esas muñecas que guardan otras adentro: una experiencia abre otra, una memoria lleva a la siguiente, y así hasta revelar un dibujo completo. De esa intuición nace este libro, donde cada capítulo descubre que una sola vida puede contener muchísimas otras secretas.
Verónica había querido contar su historia muchas veces, pero durante años sintió que todavía le faltaba algo
Sobre Lo nuestro nunca fue aburrido
PRÓLOGO · 22 de octubre de 2026 · 17:38