Natalia nació en El Bolsón dentro de una familia donde las historias venían de lejos. De su madre heredó relatos, recuerdos y una imaginación ligada a la Patagonia y a sus raíces mapuches; de su abuela, una rama europea que también quedó latiendo en la memoria familiar. Durante años escribió de manera autodidacta, alimentada por la lectura y por una vida atravesada por viajes, trabajo y vínculos. Este libro apareció cuando esos materiales dispersos empezaron a pedir una forma. Comienza y termina con la muerte de su padre, y entre ambos extremos recorre otros duelos, otras edades y distintas maneras de amar. Lo singular es que Natalia no recuerda haberlo escrito desde el dolor, sino desde el placer. Tal vez porque, después de acompañar pérdidas importantes, encontró en la ficción una forma de transformar la nostalgia sin negarla: convertir la memoria en relato y el duelo en movimiento hacia adelante.
Natalia nació en El Bolsón dentro de una familia donde las historias venían de lejos
Sobre Las formas del amor
PRÓLOGO · 22 de octubre de 2026 · 17:39