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Prólogo de Hernán Casciari

Los dos venían de separaciones, hijos, cansancios y cierta incredulidad frente al amor

Sobre Irreductible

PRÓLOGO · 23 de julio de 2026 · 21:04

Denise Barone conoció a Luis una noche en la que solo necesitaba hacer tiempo antes de buscar a su hija en una fiesta de quince. No esperaba demasiado de una página de contactos que una compañera le había instalado casi por insistencia, pero del otro lado apareció un hombre que la hizo reír durante cuatro horas.

Él vivía en Bariloche, ella en Rada Tilly. Los dos venían de separaciones, hijos, cansancios y cierta incredulidad frente al amor. Después llegaron quince años de vida compartida y una certeza que a Denise le costó menos sentir que explicar: Luis merecía un libro. Lo irreductible nace de esa decisión. No retrata a un héroe de bronce ni a un personaje famoso. Retrata a un hombre común que perdió, volvió a empezar, trabajó, cuidó, sostuvo, falló, insistió y siguió de pie incluso cuando el país, el dinero o la suerte parecían empujarlo hacia abajo. También retrata una forma de amor que no necesita origen perfecto para ser profunda. Luis se ganó el cariño de las hijas de Denise, la confianza de una casa y un lugar propio en una familia que no había nacido con él. Quizás por eso este homenaje conmueve: porque ocurre a tiempo. Porque no espera la ausencia para decir gracias. Porque entiende que algunas personas no necesitan haber ganado para dejar una marca; alcanza con haber sido leales cuando todo era difícil.